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Fernando Toledo 18 Nov 2012 - 11:00 pm

Atalaya

Plataforma 28: un acierto

Fernando Toledo

El último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, de la temporada correspondiente al auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, resultó, mucho más allá de un acierto, la prueba fehaciente de que sí hay esperanzas en el complejo y aún contradictorio universo local de la música académica.

Por: Fernando Toledo
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El programa no dejaba de ser singular: salvo Reflejo Sinfónico del colombiano, ya de amplio recorrido, Jorge Humberto Pinzón, pocos de entre el público habíamos escuchado las nueve obras restantes y menos aún conocíamos, siquiera de oídas, a los autores. El plato fuerte era la lectura de nueve piezas elegidas, entre las veinte que recibió la orquesta, tras una convocatoria que estimuló a compositores menores de 28 años a enviar sus trabajos.

Tras la pieza de Pinzón, madura y con dejes que trajeron a la memoria autores del talante de Prokofiev o de Rachmaninov por una orquestación elocuente, se inició el periplo juvenil. A medida que iba transcurriendo la lectura de fragmentos, por la imposibilidad de recrear las obras completas, el estupor del auditorio crecía merced a la ambición de los muy sugestivos planteamientos sonoros. Las influencias de algunos nombres reconocidos de la historia de la música se hacían por momentos evidentes pero, en un curioso y nada despreciable contrapunto, tamizadas con las ensambladuras rítmicas que evocaban joropos, bambucos o porros. No estaban ausentes el neoclasicismo experimental de un Copland o de un Stravinsky, el verismo italiano, el jazz, la música caribeña de estipe africana o el expresionismo de Schoenberg; sin embargo, la impresión que iba quedando se parecía a la que dejan las obras que, como las del mexicano Revueltas, exploran con coraje y determinación los caminos de un necesario mestizaje sonoro.

Los aficionados a la música oiremos en el futuro de Mateo Sepúlveda, Francisco Rosales, David Ordóñez, Leonardo Guarín, Alberto Jerez, Andrés Agreda, Antonio Niño, Frederick Obregón y Andrei Díaz. Ellos, originarios de varias regiones y alumnos de numerosas instituciones, fueron los finalistas de esta suerte de justa que sorprendió al público de la Tadeo y le permitió disfrutar de una noche de singularidades y de gratificaciones, gracias al interés de la Orquesta Sinfónica de Colombia, que, dicho sea de paso, demostró un alto nivel al salir más que airosa de un auténtico tour de force técnico, por estimular la creación y la difusión de la música nacional, y demostrar que la identidad también se forja con ese sonido académico a veces soslayado, y a menudo arrinconado, por la euforia mediática.

 

* Fernando Toledo

  • ATALAYA | Elespectador.com

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