Por: Hernán Peláez Restrepo

Por algo será...

Por algo será que las selecciones alemanas, en diferentes categorías, no solamente resultan lo que se llama protagonistas, sino que ganan. Vienen desde el Mundial 2014 luciendo el título mayor y esta semana, en cuestión de horas, ganaron el sub 21 de Europa, al vencer a España en la final y se quedaron con el título en la Copa Confederaciones, al superar a Chile por 1-0.

En ambas finales, ganaron a selecciones que no les regalaron nada: por el contrario, antes de las definiciones, tanto España como Chile lucían con enormes opciones por lo que habían demostrado en el curso de esos eventos.

Pero Low armó una selección que funcionó dentro de las tradiciones del juego alemán, al contar con uno que otro valor individual (Draxler, Stindl goleador) y un plan de juego, de espera ordenada, al observar el primer tiempo de Chile, muy superior en juego, e interpretar el segundo tiempo correctamente. Se defendieron bien y llegaron a Claudio Bravo, al menos en dos opciones claras.

La fantasía en algunas jugadas; el empuje de los chilenos, encabezados por Vidal, Medel y a ratos Alexis Sánchez, hacían pensar en méritos para el empate. El craso error de Marcelo Díaz alcanzó para ser traducido en el gol del triunfo para Alemania.

Seguro que Chile merecía mejor suerte, aunque los alemanes, al menos los de esta selección, fueron reunidos, sin que fuera una casualidad. Esta es la lección o mensaje que nos queda. Ellos elaboran un diseño a largo plazo y es así como hoy el seleccionador germano dispone de al menos 30 jugadores para el mundial de Rusia. Los veteranos, los ganadores de la Copa ante Chile y de ñapa la sub 21.

Chile disfruta de una generación y la aprovecha, como nosotros en la década de 1990 gozamos con una generación que jugaba bien al fútbol. Las selecciones de Suramérica, más resultadistas, no creen en procesos a largo plazo. Si se clasifica a un Mundial, los jugadores y los técnicos pueden permanecer ocho años; si no, cambiamos a todos y volvemos a comenzar de cero. Los de Alemania, ganen o pierdan, tienen bien claro cuál es la meta por alcanzar.

Puede que el VAR siga siendo cuestionado. A mí me parece bueno cuando se sabe aplicar. Nada ganan los inventores de esa ayuda electrónica, si los árbitros siguen procediendo mal. Eso pasó con el codazo del defensa chileno que era para expulsión. El juez paró el juego, fue, consultó y salió con un chorro de babas. Una tarjeta amarilla cuando era roja encendida. Por eso creo que el VAR no es malo; los que siguen siendo malos, por incapaces, son varios árbitros, como este que pito la final.

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