Por: Hernán Peláez Restrepo

Por herencia

Santa Fe ganó el clásico bogotano a Millonarios, por herencia. Desde los días en que Gustavo Costas era el técnico, los cardenales aprendieron a sacar provecho de la mal llamada “pelota parada”. Ese concepto, a punta de repeticiones en los campos de entrenamiento, parece haber dejado una impronta en el equipo. Antes del gol de Valencia, cabeceando un tiro de esquina servido por Giraldo, el zaguero Tesillo había mostrado la importancia de saber ir a cabecear en esa clase de jugadas.

A falta de buen juego de conjunto y de escasas maniobras ofensivas, encierra enorme valor conocer esas jugadas y el provecho que de ellas se consigue. El primer tiempo fue, para los “catadores” de fútbol, de una pobreza extrema. El pelotazo de ambas partes resultó ser el argumento único. Núñez y Palacios por la derecha fueron siempre destinatarios de unos pases largos, que ninguno supo aprovechar. Santa Fe, con Stracqualursi, nada de nada, y lo único rescatable en medio de tanta imprecisión fueron las ganas de Pajoy de manejar el balón y hacerlo circular. Fue un 0-0 que identificó plenamente la pobreza de aquellos 45 minutos.

Menos mal algo cambió para el final. El ingreso de Morelo produjo más inquietudes en la zona defensiva de los azules. Harold Mosquera, anulado al principio, quiso ir a otro sector, sin ayudar realmente en nada a los intentos de sus afanados compañeros, encabezados por Riascos. Por eso salió y todo quedó limitado a una sola maniobra con esperanzas de gol, mientras Pajoy arrimaba un remate en el vertical.

Después apareció el tiro de esquina, en el que Valencia, quien acababa de ingresar, dio con un cabezazo, anticipando a los zagueros de Millos.

Lo cierto, dejando de lado este clásico, es que ambos equipos necesitan reforzar las líneas de volantes y delanteros. Al menos dos jugadores y de peso se requieren para ofrecer una pizca, aunque sea, de mejor oferta de fútbol.

Tanto Miguel Russo como Gregorio Pérez bien debían dejar una semana de lado trabajos en campo grande y encerrar a los jugadores en un espacio pequeño, para que practiquen una y otra vez el control de pelota. Les pica a la mayoría, no tienen control y ahí se nota cómo son imprecisos en los pases y carecen, la mayoría, de dominio de pelota. Es como si los quemara al mínimo contacto con el pie.

Ganó Santa Fe gracias a la herencia dejada por Costas. De un solo tiro de esquina se obtiene el beneficio mayor, los tres puntos.

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