Por: Mauricio Albarracín

Por un mínimo vital de agua para La Guajira

La crisis de La Guajira es la expresión de todos los fracasos de la política colombiana.

Como conté en la columna anterior, estuvimos con la Corte Constitucional durante una inspección judicial relacionada con una acción de tutela, que busca determinar la violación de los derechos de los niños wayúu por los niveles de desnutrición, que han provocado centenares de muertes en el departamento. Durante todo el recorrido que se hizo, era evidente que los habitantes de gran parte de La Guajira no cuentan con los bienes y servicios básicos para vivir con dignidad, es decir, el departamento en su conjunto sufre una crisis del derecho al  mínimo vital. La ausencia de agua potable es quizás la más importante causa del sufrimiento de los niños de La Guajira. Se piensa mucho en la desnutrición infantil, pero se analiza poco el rol del agua como eje central del bienestar de las comunidades.

La imagen más usual sobre La Guajira es que se trata de un departamento desértico y con poca disponibilidad de agua. Esta idea nos lleva a la conclusión apresurada de señalar a la naturaleza como la causante de la tragedia humanitaria. Sin duda, el prolongado fenómeno del niño tuvo un impacto significativo en desatar la reciente crisis. Pero también la sequía desnudó la profunda desigualdad que existe en el acceso, calidad y disponibilidad del agua. La Guajira tiene fuentes de agua en toda la península a las cuales no se puede acceder por la ausencia de acueductos o por acaparamiento por parte de las actividades mineras o grandes cultivos.

En la Alta Guajira, a falta de acueductos veredales en las zonas, los habitantes buscan el agua a partir de tres fuentes principales. La primera es la provisión de agua que se hace a través de algunos tanques que se han dispuesto en las comunidades y muy rara vez son llenados por carrotanques que envían los gobiernos locales. Por ejemplo, en una vereda había un tanque enorme que no había sido llenado hace meses, y como si se tratará de una broma cruel el tanque decía: “suministro de agua potable”.

La segunda forma de acceso al agua son los jagüeyes, los cuales tuvieron una buena provisión de agua en los últimos meses debido a la temporada de lluvias del año pasado. Varias de las personas con quienes hablamos mostraron su preocupación porque se estaba acabando el agua de los jagüeyes. Esta agua se usa, principalmente, para los cultivos y para los animales. Sin embargo,  no es apta para el consumo humano.

La tercera forma de provisión de agua son los pozos profundos hechos por la comunidad.  Pero el agua usualmente es salobre y con alto contenido de minerales que la hace no apta para el consumo humano. Estos pozos son monumentos a la supervivencia y son muy peligrosos para los habitantes, como lo demuestra la muerte de dos jóvenes el año pasado, que trataron de reparar un pozo en una zona muy apartada. Al igual que el caso de los jagüeyes, esta agua se usa principalmente para los animales y los cultivos.

El agua era transportada con la ayuda de burros desde los jagüeyes y los pozos. Sin embargo, varios de los pobladores nos contaron la historia de la matanza de burros durante el año pasado, los cuales fueron primero robados y luego vendidos a “unos cachacos” que pagaban hasta un millón de pesos por ellos. Al parecer, esta venta se realizaba para usar la piel del burro como empaque que aísla el olor de la cocaína que es traficada desde esta zona del país. La muerte de los burros ha generado que el medio principal del transporte del agua se vea severamente afectado. Durante nuestra visita, también pudimos verificar que niños y adultos trasladaban baldes de agua desde los lugares de abastecimiento hasta los sitios de uso.

Cuando los wayúu tienen agua - así no sea potable -  pueden cultivar yuca, fríjol, maíz, ahuyama, melón, patilla y otros alimentos fundamentales dentro de su dieta tradicional. También pueden mantener a los chivos, los cuales proveen la alimentación necesaria. Sin cultivos ni animales, el pueblo wayúu no puede sobrevivir. Como consecuencia de ello, los primeros afectados por esta crisis de acceso al agua son los niños quienes, además, sufren de diarrea a causa del consumo de agua, lo cual agrava la situación de desnutrición e incluso puede llevar a la muerte. De hecho, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios publicó en un informe en 2015 que "más del 20% de las muestras analizadas (en la Guajira) resultaron con presencia de coliformes totales y coliformes fecales, los cuales tienen incidencia directa sobre la salud humana".

El problema del agua en La Guajira es la desigualdad y no solamente la escasez. Sin un mínimo vital de agua y sin una discusión seria sobre quiénes se están quedando con el agua de La Guajira, cualquier medida contra la desnutrición será un mero asistencialismo producto de la indignación coyuntural.

*Investigador de Dejusticia. malbarracin@dejusticia.org @malbarracin

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