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Francisco Leal Buitrago 1 Ene 2013 - 11:00 pm

¿Presidencialismo o parlamentarismo?

Francisco Leal Buitrago

'Año nuevo, vida nueva' y 'feliz año' son algunos de los buenos augurios que proclamamos cada año. Lo dudoso es que se cumplan, al menos en Colombia y la región, pues la mayoría de sus países padecen de graves problemas.

Por: Francisco Leal Buitrago
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El artículo de Arturo Valenzuela, publicado en El Tiempo el 29 de diciembre y referido a Latinoamérica, aunque centrado en el régimen autoritario de Chávez, me pareció poco aterrizado. Su propuesta de pasar del presidencialismo al parlamentarismo para superar el autoritarismo, muestra que no incluye el meollo del asunto.
En la región, hay factores que pesan igual o más que los planteados por Valenzuela. El caudillismo, por ejemplo —pertinente para el caso que él trata—, no se deriva solamente de que haya o no reelección, pues tiene raíces históricas profundas en varias sociedades y Venezuela es una de ellas. A diferencia de Colombia, en el país vecino fue excepcional el lapso de formalidad democrática entre 1958 y 1999.

Sin duda —como afirma Valenzuela—, la democracia es un régimen de instituciones. Pero de ahí a que, por arte de magia, el parlamentarismo las garantice o las fortalezca es olvidar particularidades de nuestros países. Mencionó sólo un par de ellas en las que Colombia es campeón. No hay comparación entre el nivel de educación de la población europea —que Valenzuela pone como ejemplo— y la escasa cobertura que tiene en la región, pero sobre todo su mala calidad. La escogencia de malos candidatos por los electores y su bajo nivel educativo están bien relacionados.

Por su parte, la inequitativa distribución de bienes y servicios en casi todos los países es enorme. Esto se refleja en altos porcentajes de desempleo, pero sobre todo en informalidad laboral. Los desbalances en la distribución del ingreso son abismales, además de la alta concentración del capital. La pobreza inhibe la capacidad de sufragar por candidatos idóneos, y la miseria —que cubre a amplios sectores —, las ganas de votar. Con abultados niveles de abstención, los pobres al alcance de los políticos venden su voto por cualquier “plato de lentejas”.

En esencia, no hay ciudadanos como tales en vastos sectores de nuestras sociedades. Así haya democracias formales, como existen en buena parte de países de la región —algunas no más que meros disfraces—, los ciudadanos con deberes y derechos constitucionales que sean efectivos no son mayoría.
Este entorno es semillero de clientelismo y corrupción. Aunque distribuido de manera irregular entre países, ciudades y áreas rurales, reproduce vicios de la política. En el mejor de los casos, el nivel nacional busca aislarse de la contaminación, pero los niveles regional y local son tierra fértil para autoritarismos y corruptelas.

Valenzuela anota que aunque es importante la discusión sobre la reelección, debería darse más bien una entre la conveniencia o no de las dos alternativas que propone. Pero en el contexto de la región —y en particular de Colombia—, sería más adecuado para una discusión articular esas alternativas con las limitaciones de nuestras sociedades para el ejercicio de la democracia, sin excluir la de la reelección.

Nota: Parecería una inocentada las críticas del expresidente Uribe al actual Gobierno —que es responsable de graves errores— con la disculpa de defender la democracia. Entre los líderes que han llegado a la presidencia éste ha sido el único que ha logrado compaginar para su beneficio personal el nivel nacional de la política con el de las regiones.

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Enzo Mountain

Sab, 01/05/2013 - 15:44
Al tenor de la historia contemporánea de Occidente convendría contextualizar tanta belleza teórica: mientras casi todos los ámbitos del Estado se han democratizado (y "están sometidos" al escrutinio de otros poderes y de los propios ciudadanos), la conducta intenacional sigue sujeta a parámetros de opacidad y secretismo propios de aquellos momentos en que los gobernantes eran soberanos y los ciudadanos apenas súbditos. Hasta hace tres o cuatro lustros, para nuestra clase dirigente la gravedad de los hechos no residía tanto en los mismos hechos sino en que los colombianos los supieran. Hoy por hoy, ya casi ni importa que se sepan (el cinismo de los principios fiscales -reducirle impuestos al gran capital- se propone impúdicamente como "empleo potencial" sabiendo el pueblo ya experimento es-
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Enzo Mountain

Sab, 01/05/2013 - 16:15
-ta falacia). Los secretos de la diplomacia –para qué hablar de la mancha manchada por el fallo de La Haya- deben ser la excepción y no la regla, tal como ocurre en la conducción de los asuntos internos y como suele ser la norma de conducta para todas las democracias. Y es a partir de este punto es donde ubico el aristocrático prejuicio del columnista: la creencia de que los ciudadanos no deben conocer el reservado manejo de los asuntos internacionales -y en Colombia tambien los internos- PORQUE SON DEMASIADO COMPLEJOS.
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Enzo Mountain

Sab, 01/05/2013 - 16:10
Esto, que no es ideología (los políticos y sus intelectuales orgánicos decretaron hace 20 años la muerte de las ideologías), ni mentalidad (la posmodernidad descree de toda metafísica) representa aquello que la cáfila de pensadores y calanchines del régimen no tienen cómo desmentir: 'la razón instrumental', médula y combustible de la actividad política posmoderna, ya sea en su ancestral versión colombiana del manzanillismo ®, o en la imperturbable eficacia del clientelismo universal.
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Enzo Mountain

Sab, 01/05/2013 - 16:02
Entonces, más que prejuicio aristocrático (la caterva de políticos profesionales observa cero absoluto de aura aristocrática) se trata la de magra racionalización con la que los dueños del poderse esbozan el eterno "no-se-puede": "Ciertos asuntos y ciertos diseños políticos SON DEMASIADO COMPLEJOS PARA EL CIUDADANO SIN ILUSTRACIÓN". Esta sentencia recuerda las oposiciones iniciales a los avances democráticos con el argumento de que LOS POBRES NUNCA ENTENDERÍAN LOS ASUNTOS DEL ESTADO.
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Enzo Mountain

Sab, 01/05/2013 - 16:00
Sin embargo, la historia de las democracias (parlamentarias o no) muestra que no sólo han sido capaces de deliberar y tomar mejores decisiones sino que NO EXISTEN esferas vedadas, ni campos reservados para la discusión de las sociedades abiertas.
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Johann Kaspar Schmidt

Sab, 01/05/2013 - 12:32
Leal repite tópicos y lugares comunes de la crítica pero también está lejos del "meollo" del asunto. ¿Por qué llamar "democracias" a regímenes que no los son? Deberíamos de una vez por todas abandonar ese significante para referirnos de manera más realista a la política en nuestro contexto. Pero también deberíamos ampliar la perspectiva y comparar con los países "desarrollados", dejar tanto provincianismo. Por ejemplo, una perspectiva comparada nos permitiría matizar eso de que mejores niveles de educación llevan a mejores elecciones (¿cómo explicar la elección de candidatos como Bush o Berlusconi?). También a matizar esa creencia, construida en buena parte por Leal, de que el clientelismo es muy nuestro: en todos los regímenes electorales hay de eso, y no se explica solo por la pobreza.
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sincorruptos

Sab, 01/05/2013 - 10:52
Venezuela deberia reformar su constitucion para instituir el parlamentarismo y que la godarria mundial deje de joder con el tema de la alternacia en el poder.
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Tetricaloctus

Sab, 01/05/2013 - 10:29
Con instituciones democráticas o con caudillos, la tecla maestra del poder político exitoso es la existencia de una oposición civilizada, fuerte y como alternativa de poder. Eso mata corrupción, servilismo ante el extranjero y sobre todo, saca a flote estrategias alternativas para un país... máxime si tiene graves problemas. Pero por desgracia, nuestra clase política se formó en el Frente Nacional, en repartija de puestos y presupuestos. Punto.
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Julio Herrera

Sab, 01/05/2013 - 09:47
Si Uribe hubiera estado seguro de que tenía el presunto "amplio respaldo popular" que sus sicarios mediáticos le atribuyen, no hubiera necesitado comprar su reelección con notarias en vez de votos. El régimen de Uribe no fue una democracia: fue una plutocracia.
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