Por: Gonzalo Hernández

Presidente para consolidar la paz

La restauración del país, luego de más de medio siglo de guerra con las Farc, tendrá que darse en el campo. Entre varias posibilidades, los acuerdos de paz y su énfasis en una Reforma Rural Integral para la transformación del campo colombiano demostraron ser el resultado de lo políticamente viable para finalizar el conflicto y para lograr que el grupo guerrillero dejara las armas. La guerrilla está cumpliendo. El Gobierno colombiano —más allá del Gobierno del presidente Santos— debe cumplir.

Infortunadamente, la implementación, la puesta en marcha de los acuerdos, lo concreto, se está quedando sin aliento. Viene del golpe en el plebiscito y queda ahora a la deriva en el último año del Gobierno actual y la contienda electoral por la Presidencia. Es sorprendente que, en un tono destructivo, el debate electoral vuelva al asunto de si estos eran los mejores acuerdos posibles o, peor aún, que se insinúe que el tema de los acuerdos es cosa del pasado, que ahora debemos hablar de algo más, de algo “novedoso”, quizás de algo así como la corrupción.

Ningún candidato debería contar con la prerrogativa de evadir el debate sobre sus planes prácticos para la implementación de la Reforma Rural Integral y sus planes para consolidar la paz. Los electores no deberíamos olvidar que los acuerdos apuntan a que la disminución de la pobreza y la desigualdad, un objetivo clave y permanente, sea impulsada mediante una reforma para tener un nuevo campo colombiano, sintonizado con un desarrollo económico sostenible, que fomente la inclusión social y que permita el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Los acuerdos, con mucho sentido, priorizan las zonas más afectadas por: “violencia, pobreza, debilidad institucional y presencia de cultivos ilícitos”. Es la forma de responder a las causas primarias de nuestro conflicto y la forma de mantener a miles de colombianos lejos de la ilegalidad que fomenta la violencia.

Clara la importancia de un cambio sustancial en el campo colombiano para mejorar el bienestar de muchos colombianos, el próximo Gobierno tendrá la inmensa responsabilidad de aterrizar las ideas para que estas no queden solamente en un documento motivacional. El debate debe ser acerca de cómo se hará la reforma. Algunos puntos, por ejemplo, en los que tenemos que demandar propuestas concretas por parte de los candidatos son: (i) competitividad agrícola, (ii) incentivos —positivos y negativos— para fomentar el uso de las tierras actualmente improductivas, (iii) vocación productiva y formas eficientes de administración (privada, pública, comunitaria), (iv) avances tecnológicos para el sector rural, (v) sustitución de cultivos ilícitos, (vi) implicaciones en el Presupuesto General de la Nación de las políticas para el desarrollo de la Reforma Rural Integral, y (vii) políticas complementarias en educación, salud, empleo y seguridad para la transformación del campo colombiano. Luego, votemos por el plan más claro y consistente.

Si los acuerdos no se cumplen, la paz no podrá consolidarse. Se mantendrán las causas primarias de la violencia y se consolidarán los grupos armados que no han acordado nada con el Estado. ¿Por cuál consolidación vamos a votar?

* Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

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