Por: Cartas de los lectores

Prevención moralista e hipócrita

No cesan los comentarios sobre la determinación final de la Corte Constitucional acerca de la adopción de niños por parte de parejas gais.

Con lo que se ha logrado leer y escuchar a gente de gran nivel intelectual, me queda una inquietud frente a este fallo, en este sentido: no sé si todo el mundo sea consciente de que entre heterosexuales hay gente linda, decente, transparente, genial… y que igualmente hay hombres y mujeres criminales, depravados, mafiosos, nefastos… de la misma forma, entre los homosexuales encontramos a gente maravillosa, creativa, alegre, honrada…. Y también hombres y mujeres de las más baja esfera, desalmados, insensibles, asesinos… Es decir, el hecho de estar en una u otra orientación, para nada garantiza ser buena o mala persona.
 
Por eso no entiendo el revuelo de los juristas, de un lado, y de políticos y dirigentes por el otro, para negar a parejas homosexuales la posibilidad de formar familias con hijos. Conozco muchos padres de familia, heterosexuales, casados y con hijos, y entre éstos cuántos han abandonado a sus niños desde el momento en que conocen el embarazo de su pareja, o recién nacidos o desde la más tierna infancia… crecen y ni los conocen. Además, muchos de estos “señores” viven obsesionados, casi enfermos por el sexo, por las conquistas permanentes y entre más niñas, pues mejor, mientras sus esposas e hijos sufren toda clase de privaciones. En cambio, no conozco, o por lo menos no es el común denominador de algún contexto social, casos de padres del mismo sexo que permitan semejantes situaciones.
 
Por otra parte, se supone que son los expertos en familia quienes, después de un juicioso estudio de las parejas solicitantes (homosexuales o heterosexuales), emiten un diagnóstico para conocer si vale la pena entregarles o no unos niños; ese juicio tendría que ser independiente de la condición sexual, porque de lo contrario, se estaría asumiendo una actitud de prevención moralista e hipócrita frente a dos personas dispuestas a formar una familia, solo porque son homosexuales o lesbianas, como si sus valores no contaran para tal decisión. Sería injusto… y no me imagino a los trabajadores sociales, psicólogos sociales, educadores sociales, etc., cambiando el concepto de favorable o desfavorable cuando saben que un niño podría llegar a formar familia con parejas gais. Mi madre decía con mucha sabiduría: ningún estado civil es garantía de felicidad permanente; todos tiene ventajas y desventajas y cada quien ha de asumir lo que decidió con amor y paciencia. Me parece que ese sabio consejo aplica a las adopciones para lesbianas y homosexuales. Hay tres cosas que tal vez jamás han cambiado: los niños, los ancianos y el amor. Muchos niños están ávidos de amor y muchas parejas están listas para ofrecerlo. El moralismo y la hipocresía nos van a aplastar.
 
Ana María Córdoba.  Pasto.
 

 

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