Por: Eduardo Sarmiento

La privatización de ETB

El nuevo presidente de ETB, Jorge Castellanos, se paseó por los diferentes medios de comunicación clamando que la empresa experimenta grandes pérdidas que obligan a conseguir un socio o venderla.

Las cifras están basadas en las normas contables NIIF, que de suyo son más exigentes que las tradicionales. De acuerdo con la información reportada hasta el momento por la Superintendencia de Industria y Comercio, en varias empresas, como Ecopetrol, Avianca, Isagén y Une, la aplicación de las normas NIIF para 2015 resultó en reducciones no imaginadas de utilidades con respecto a la tendencia histórica, y desde luego mayores que las observadas en la ETB.

El sistema NIIF es una metodología que tiene carácter provisional y, de acuerdo con la ley vigente, debe ser presentada paralelamente a la tradicional en los próximos cuatro años. Sin embargo, no tiene efectos prácticos, porque los impuestos continuarán siendo regidos por el método tradicional. Más aún, puede ocurrir que al cabo de los cuatro años el Gobierno encuentre que la adopción del sistema NIIF implica una fuerte caída de los gravámenes basados en las utilidades y proceda a postergarla, como lo hizo en 2012.

Es evidente que la información presentada por Castellanos no tiene ningún sustento legal ni económico y no pasa de ser una opinión que causa pánico financiero y deterioro patrimonial. Debe quedar claro que la información estadística de un año extraída de un balance contable en transición de ninguna manera puede ser base para evaluar el desempeño de una inversión y el cambio estructural gestado durante varios años.

El debate sobre el desempeño y el futuro de la empresa debe basarse en análisis de la evolución y transformaciones durante décadas, casi medio siglo. La empresa de telecomunicaciones no es la oficina de teléfonos que Peñalosa manejó a finales del siglo pasado. Hace cinco años la empresa se especializaba en telefonía fija y en los diez años anteriores la inversión fue inferior a la depreciación. Si la empresa se hubiera quedado en la telefonía fija, que desciende 7% anual, los ingresos serían la mitad de los actuales y no se estaría hablando de privatización sino de cierre definitivo.

Las condiciones cambiaron drásticamente en los últimos cinco años en que la empresa realizó grandes inversiones en la fibra óptica, la telefonía celular y la televisión. La nueva empresa de telecomunicaciones, conformada por estos productos y algunos otros, contrarrestó la caída de la telefonía fija. Hoy en día sus ingresos representan más de la mitad de los ingresos totales, aumentan 10% anual y, de acuerdo con las proyecciones de los expertos, pueden superar el 15%.

El presidente Castellanos no sólo se dio atribuciones para desacreditar la empresa con un sistema contable imaginario sino que anunció que la privatizaría, y aún más, fijó el precio de venta en $2,2 billones. De nuevo se advierte el afán de abaratarla para atraer clientes. Cualquier estudio serio de valorización de la empresa resultaría en un precio superior a $3 billones. Si se tiene en cuenta que en 2010 las ofertas de compra no pasaban de $1,1 billones, estamos ante una empresa que triplica su valor en cinco años. Por eso, en el último año y medio la cotización de ETB en la bolsa se encuentra entre las cinco acciones de mayor valorización y rendimiento.

La ETB enfrenta dos opciones. Una, emplear la modernización de la empresa, ampliar los clientes, impulsar los ingresos y moderar los costos. La otra es buscar un socio para que haga la tarea o privatizarla para que el sector privado explote el potencial. Infortunadamente, todo parece indicar que la administración adoptará el último camino, que le engendra recursos para la construcción de vías y edificaciones.

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