Por: Nicolás Rodríguez

La Procuraduría contra la gente

¿Qué pensaría hoy Carlos Mauro Hoyos, ilustre procurador asesinado por narcotraficantes en épocas en que la Procuraduría empezaba apenas a tomarse en serio la defensa y promoción de los derechos humanos, de la medalla que con su nombre le fue asignada a Ilva Myriam Hoyos? ¿No es esta funcionaria, acaso, la misma que ha hecho hasta lo imposible (mentiras y demandas penales incluidas) para impedir que las leyes existentes en materia de derechos sexuales y reproductivos se cumplan?

Pues esta condecorada procuradora delegada, que sin pudor alguno se pasea por el Congreso haciendo lobby para que los derechos de la comunidad homosexual sean pisoteados, también es, como se sabe, el alfil predilecto del procurador en su cruzada contra la posibilidad de un país menos violento. Ahí están, en televisión, las imágenes de los grupos neonazis que con alegría se hacían del lado de los heterosexuales encolerizados con la posibilidad de un matrimonio homosexual que en nada les perjudica.

Esos son, además, el amor y los valores que se cultivan en la familia que se quiere imponer. A veces, incluso, con provocativas frases como esta, del procurador, para quien el ideal de familia homofóbica y troglodita debe hacer parte de los fundamentos mismos del Estado: “la Procuraduría, en sus 180 años, inicia sus festividades agradeciendo a Dios por haber construido nuestra institucionalidad". Y son estos los funcionarios que vigilan a los servidores públicos.

Qué lejos se siente ya el esperanzador informe con que la Procuraduría, en tiempos de Arrieta, osó mencionar, por primera vez, temas como los de las desapariciones forzadas en manos de agentes oficiales. No era fácil asumir, desde la institucionalidad, una agenda tan macartizada y propia de la izquierda como la de los derechos humanos. Pero así se hizo. Y con ello, puede decirse, el Estado ganó legitimidad. La Procuraduría estaba ahí para proteger del Estado a sus ciudadanos. No para atacarlos.

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