Por: Rafael Orduz

¿Prohibir celulares a menores de 14?

¿Que el uso de internet encierra peligros para niños y adolescentes? Por supuesto que sí, como también que es fuente de inmensas posibilidades para su formación. Se trata de una herramienta, de un medio de infinitas posibilidades y, dependiendo de la forma en que se acceda a la red, su uso podrá ser constructivo o no.

Siempre se presenta la tentación de vender el sofá para evitar la transgresión y conjurar las amenazas. Se cree, erróneamente, que la prohibición de móviles inteligentes a menores de 14 sería una medida efectiva.

Los padres, con razón, expresan alarma e impotencia para conjurar los riesgos que sus hijos enfrentan en un territorio, internet, que, por varias razones, incluidas las generacionales, no controlan. Que niños intercambien entre sí fotos de sus genitales, por ejemplo, o que puedan ser víctimas de redes de pornografía infantil, entre muchos peligros, son motivos para encender las alarmas. Sin embargo, la prohibición de teléfonos inteligentes a menores es una fantasía irrealizable.

En primer lugar, el fenómeno de ubicuidad de internet, es decir, comunicarse donde, como y cuando se desee, no está atado a la posesión personal de un móvil. Los niños podrán acceder a internet, sin que los padres lo sepan, de múltiples maneras.

Segundo, lo que los padres deben tener claro es que internet es un poderoso instrumento que puede multiplicar las posibilidades de acceder al conocimiento, la diversión sana y a las infinitas formas de aprendizaje colaborativo al alcance de cualquiera con conexión a la red. Para ello se requiere de su participación responsable en la forma como sus hijos interactúan en internet y no mediante inocuas prohibiciones.

Que, cuando se trata de niños pequeños, deben acompañarlos y orientarlos en la forma en que acceden a las tecnologías digitales. Internet en la nube, las redes sociales y la movilidad son saltos tecnológicos que al comenzar el siglo XXI no se habían producido, razón por la que muchos padres deberían hacer el esfuerzo de alfabetizarse digitalmente. No se trata del manejo de Word o Excel, sino de la gestión responsable de la información en contextos ubicuos.

Los niños pueden, desde temprano, aprender a programar diseñando sus propios proyectos animados y hacerlo, además, en grupos virtuales. Hacer sus tareas aprendiendo a formular las preguntas y gestionando la enorme cantidad de información que Google les suelta, sin caer en el “copiar–pegar”. Divertirse con juegos ingeniosos. Visitar los mejores museos del mundo en forma virtual, aprender a aprender en internet. Aprender a cuidarse.

La forma más expedita de multiplicar los riesgos para los niños se asocia con la difundida costumbre de los padres de deshacerse de los niños pequeños con el fin de que se entretengan con la pantalla de un móvil o una tableta. Nada tan patético como ver parejas de padres en un restaurante con sus hijos y cada miembro de la familia pendiente de su respectivo móvil, sin comunicarse entre sí.

En vez de prohibir, aprender a usar con responsabilidad.

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