Por: Armando Montenegro

A propósito de George Alexander Louis

UNA PARTE DE LA OPINIÓN PÚBLIca británica, como es usual ante las vanas festividades de su casa real, reaccionó con indignación ante la bobería colectiva desatada por el nacimiento del hijo del bisnieto de la reina Isabel II.

Aunque se reconoce que este niño ya no ejercerá el poder de los monarcas de antaño, sí  será muy afortunado. Tendrá decenas de sirvientes, una educación esmerada, recibirá millones de libras de sus súbditos, acaparará la atención de miles de personas y será llamado rey, eso sí, con muy poco poder. Su vida será infinitamente más fácil que casi la de cualquier otro bebé del Reino Unido, quien, con seguridad, sufrirá incertidumbres, dificultades, carencias y sinsabores en materia de educación, salud, empleo e ingreso.

Hay una gran distancia entre las oportunidades de George de Cambridge y cualquier pobre George de Inglaterra. Pero hay distancias mayores en otros países.

La movilidad social, el grado en que la suerte de los hijos está determinada por la situación de sus padres, es ciertamente más baja en Colombia que en el Reino Unido.

En un país con baja movilidad social, lo bueno y lo malo, en materia de educación, ingreso, contactos, confianza y seguridad en el futuro —todo lo que cuenta en la vida productiva— se heredan. Si una persona no tiene ni ingresos ni educación, sus hijos serán igual de pobres e ignorantes. Si alguien tiene todo, como los nobles británicos, sus hijos heredarán los privilegios y disfrutarán una vida plena de comodidades y oportunidades.

En el otro extremo, en un país con alta movilidad social, el nivel educativo y el ingreso de una persona no están determinados por la educación o el ingreso de sus padres. La riqueza, la pobreza, la educación y la ignorancia no se heredan. Lo que obtiene una persona en su vida depende únicamente de su esfuerzo y sus capacidades (este es el mito, en realidad un verdadero mito, del llamado sueño americano). Y, por lo general, el Estado tiene instituciones para compensar las deficiencias en el ingreso o la educación de las familias.

Uno de los síntomas, y también la causa, de la baja movilidad social, es el abandono de la educación que recibe la gran mayoría de la población. Decenas de estudios muestran que la distribución de capital humano, que asegura que la mayoría de la población tenga acceso a una buena atención preescolar, a educación primaria y secundaria de calidad y adecuada preparación para el trabajo, es un factor que mejora de manera significativa la movilidad social en un país. Esto fue lo que hicieron las reformas liberales del siglo XIX en Europa, un esfuerzo que todavía está por hacerse en nuestro medio.

En Colombia existe un gran abandono por los temas de la distribución de capital humano. Los hijos de las personas de los estratos altos se benefician de buenas guarderías y excelentes colegios y universidades que garantizan que reciban una educación semejante o superior que la que tuvieron sus padres. En el otro extremo, para la mayoría, se mantiene un sistema público de pésima calidad, capturado por sindicatos, burocracias y políticos que se privilegian de su intermediación entre los fondos del Estado y la ignorancia de los jóvenes. Lo peor es que la reforma radical de esta situación no hace parte de la agenda política de la derecha o de la izquierda.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Armando Montenegro