Roberto Esguerra Gutiérrez 9 Sep 2012 - 11:00 pm

A propósito de un estudio

Roberto Esguerra Gutiérrez

Desconcierto, por decir lo menos, causa la afirmación “las EPS son las entidades menos rentables del sector”, porque va en contravía de todas las evidencias y hechos conocidos ampliamente por la opinión pública.

Por: Roberto Esguerra Gutiérrez
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La perla está contenida en el estudio La sostenibilidad financiera del sistema de salud colombiano. Dinámica del gasto y principales retos de cara al futuro, realizado por investigadores de Fedesarrollo, que también llega hasta afirmar que las EPS se han quedado con el pecado y sin el género y que son otros sectores los que se están quedando con buena parte de los recursos de la salud.

Lo importante para un sistema de salud no es si es buen o mal negocio para sus actores. Al país lo único que le debe interesar es que cumpla con su misión fundamental, que es mejorar la salud de los colombianos, cosa que el actual sistema no ha logrado de manera satisfactoria, de acuerdo a las tendencias de los principales indicadores de salud, que los autores no consideraron.

Un problema que no analiza el estudio es la manera en que se remunera a las EPS, que es a todas luces inadecuado, ya que crea un conflicto de interés insalvable, pues cada vez que niegan un servicio, rechazan un procedimiento, no autorizan una hospitalización o un medicamento, automáticamente están mejorando su resultado financiero. Por el contrario, es urgente estructurar una forma de remuneración en base a indicadores precisos sobre resultados en salud, satisfacción de los usuarios y gestión para facilitar el acceso a los servicios, entre otros.

Hoy, el principal aspecto de nuestro sistema de salud no es si los recursos son suficientes o no. El mismo estudio demuestra que en 2011 el país invirtió en salud algo más de 45 billones de pesos, lo que significa cerca de un millón de pesos por persona por año, que equivale a un 8,3% del PIB. Esos recursos deberían ser adecuados para un país como el nuestro, si la corrupción no se robara buena parte del dinero y los costos de transacción e intermediación no se quedaran con la otra gran tajada.

En cambio, el tema de fondo es el modelo de salud, que en lugar de estar centrado en mantener la salud, prevenir la enfermedad e impulsar los estilos de vida saludable, sigue enfocado en el tratamiento de la enfermedad, lo que resulta muy costoso. El Estado debe retomar la dirección de los programas de promoción y prevención y asegurarse de que sus metas se cumplan rigurosamente, para poder enfocar los esfuerzos sobre las principales causas de morbilidad y mortalidad en las distintas regiones.

El principal problema del actual modelo es precisamente que está centrado en el negocio, que analiza el estudio, pero abandona a los ciudadanos a su suerte porque es profundamente inhumano. A diario, a lo largo y ancho del país se viven dramas humanos ante la negación de servicios o retrasos inaceptables en la autorización de medicamentos que llevan a que los tratamientos no puedan comenzar a tiempo, que es una de las razones para que los niños colombianos con leucemia tengan un pronóstico significativamente inferior al que debieran tener.

Tenemos que evolucionar a un sistema que ante todo sea humano, que solucione los problemas actuales, lo cual de ninguna manera significa regresar al pasado, como sugieren los autores del estudio, sino dar un paso al futuro, actuar de manera decidida, para lo cual no se requieren más estudios ni se justifican más demoras. E país espera que el nuevo ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sí lidere y dirija este proceso para que Colombia tenga el sistema de salud que merece.

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