Por: Santiago Montenegro

Recordando a Isaiah Berlin

El pasado 5 de noviembre se cumplieron quince años de la muerte de Isaiah Berlin, uno de los más grandes pensadores liberales del siglo XX.

Prácticamente desconocido entre nosotros, un pensamiento como el de Berlin hace mucha falta en Colombia. En la esfera de la teoría del conocimiento, su liberalismo tiende a enfatizar las limitaciones que tenemos para aprehender la naturaleza, la sociedad y los mismos humanos, y, sobre todo, las consecuencias futuras de nuestros propios actos. Así, cuando discuten la concepción del poder, los liberales, como Berlin o Popper, tienden a enfatizar la pregunta de cómo se debe gobernar, y responden que hay que controlar al poder, que los gobiernos deben tener límites, tanto en el espacio como en el tiempo. Por eso, el liberalismo es un pensamiento que tiende a ser un poco escéptico y, en consecuencia, es también pluralista y tolerante. Como consecuencia, en la esfera de la política, más que de personas, concibe un gobierno de instituciones, de leyes, de normas abstractas, que trascienden a las personas y aún a los partidos. En esta tradición, Isaiah Berlin argumentó el pluralismo de valores, la noción de que los valores son, no sólo inconmensurables, sino que pueden entrar y, efectivamente, entran en contradicción unos con otros, como, por ejemplo, la libertad y la igualdad. La libertad llevada al extremo puede ser la libertad del zorro en el gallinero, en tanto si se lleva la igualdad al extremo puede aniquilar la libertad. En uno de los ensayos de teoría política más importantes del siglo XX, Berlin discutió las contradicciones que puede haber entre la libertad entendida como concepto negativo —como ausencia de restricciones— e, inspirado en Rousseau, la libertad positiva o como autonomía para realizar planes y, en especial, para elegir a los gobernantes.

Razonando que los dos tipos de libertad son importantes y deben ser defendidos, argumentó que también ellos pueden chocar y entrar en contradicciones. En particular, afirmó que el concepto de libertad positiva ha sido muy abusado y ha degenerado no pocas veces en la aniquilación de la misma libertad, por culpa de partidos y movimientos políticos que, tomándose la vocería del pueblo, se organizan en “ejércitos de liberación nacional” para terminar como dictaduras o gobiernos totalitarios. En la misma vena, los liberales, como Berlin, rechazan y deploran a los caudillos, a los jefes máximos, a los hombres imprescindibles —porque usualmente son hombres— que se aferran al poder porque ya tienen todas las respuestas e interpretan la supuesta voluntad del pueblo.

Así, para bien o para mal, Isaiah Berlin creyó que las personas de carne y hueso podían hacer verdaderas diferencias en la historia y, en otro clásico y atrevido ensayo, las clasificó en dos tipos. Primero, los erizos, que son aquellas que se guían con una sola cosmovisión, en torno a la cual piensan, reflexionan y actúan. Y los zorros, que son los que aman la diversidad, cambian de parecer y reconocen que lo mejor de los humanos se expresa en la compañía del error. Para quienes no lo han leído, recomiendo leer la excelente biografía de Michael Ignatieff, o el ensayo sobre su pensamiento de John Gray o sus conversaciones con el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo. Muy pronto se darán cuenta de que el pensamiento de Isaiah Berlin es también muy útil para entender y para actuar en la propia realidad de Colombia.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Santiago Montenegro