Por: Hernán González Rodríguez

Recursos naturales

En Colombia existe consenso para proteger y preservar los recursos naturales como deber con las generaciones futuras. Sin embargo, este consenso se fundamenta en dos ideas bien diferentes, a saber:

El antropocentrismo que considera que el ecosistema existe y debe protegerse para beneficio del hombre, con base en razones éticas, económicas y científicas; es decir, que la naturaleza debe respetarse al tiempo que admite ponerla al servicio del hombre por medio de la tecnología.

Y el ecocentrismo que defiende el ecosistema por razones espirituales, éticas y estéticas, con desprecio de la economía y de la ciencia, porque los recursos naturales no se pueden ni alterar, ni recuperar. Durante el gobierno del presidente César Gaviria con su llamado "Kínder de Palacio", sostienen algunos  que se adelantó Colombia a casi toda Latinoamérica al legislar para proteger el ambiente y establecer las Licencias Ambientales como prerrequisito para ejecutar las obras civiles.

Unos 20 años después, pocos países de Latinoamérica registran mayores problemas ambientales que los nuestros: ciudades polucionadas; metrópolis congestionadas que crecen cual manchas de aceite; ríos envenenados y sedimentados; minería ilegal y hasta en manos de la narcoguerrilla; vías afectadas por la deforestación; y, al frente de tal caos, tres ministerios y numerosas corporaciones regionales encargadas de proteger el medio ambiente, ineficaces y sin recursos suficientes.

Todo lo anterior acontece como consecuencia no solamente de una legislación inadecuada para las circunstancias vividas desde entonces, como lo han sido una miseria atada a las elevadas tasas de fertilidad en algunos sectores, la violencia en el campo y la narcoguerrilla.  Cojea el desarrollo de Colombia por culpa del ecocentrismo de nuestra legislación, la tutelomanía y un sector judicial politizado. Se justifica anotar que los países más ricos e industrializados son los que más protegen el medio ambiente sin oponerse a las vías, los túneles, las represas, la minería...

Con relación al Túnel de Oriente, el que pretende conectar los valles de Medellín y San Nicolás, tengo la impresión de que los promotores de la obra le presentaron todos los estudios al ministro Frank Pearl. Sí, estudios completos, bien sustentados, de los cuales parece muy difícil concluir que el Túnel afectará importantes acueductos del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Los ecocentristas que se oponen al Túnel se limitan a presentar suposiciones, sin cifras, sin estudios, se sustentan en argumentos como que la obra les secará las aguas a los floricultores de la zona. Tras motivos tan baladíes, no resulta difícil sospechar razones políticas de quienes se solazan con la suspensión de las obras.

Aun siendo válidos tales argumentos, los pocos agricultores afectados pueden trasladarse a zonas similares. Cornare, con ejemplar criterio, autoriza a veces urbanizar a cambio de que se reforesten zonas señaladas por ellos en la misma cuenca.  La polución, la congestión, la edificación en las inestables laderas del valle del río Medellín, entrañan razones de mayor peso que las emocionales o políticas que llevaron a suspender, ojalá transitoriamente, el Túnel de Oriente.

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