¿Reelección embolatada?

Los tiempos del proceso de Paz y el calendario electoral; el final del periodo de gobierno y distintas circunstancias del país y la economía, caracterizan un momento político en que el gobierno se ha visto desbordado por los hechos.

Noviembre es el límite para definir la aspiración a relegirse del presidente Santos. El tiempo, para él, vuela. De acuerdo con las encuestas, incluidas las más recientes, sigue siendo la opción mayoritaria entre los precandidatos, salvo su plan B, el ex ministro Vargas Lleras. Una serie de factores, sin embargo, deben tener pensando al equipo reeleccionista.

El primero de ellos es el de la Paz, convertida por el mismo gobierno y por los hechos en su principal argumento. Hace pocos días se decía ¿Quién contra la paz? Ahora nos preguntamos: ¿A qué horas? No parece posible antes de noviembre.

Lo del Catatumbo, quiérase o no, es parte del pulso que sucede en La Habana y una expresión de los problemas del país y del 4% que en las encuestas simpatiza con las FARC. Se hacen sentir. Muestran su capacidad de distorsión, lo que sería legítimo si tuviéramos acuerdos formalizados. Si estos deben refrendarse mediante algún mecanismo de consulta, como lo ha propuesto el gobierno, las FARC siguen planteando una Constituyente en la que ellos y el propio gobierno serían irremediablemente derrotados. Mientras discuten, el tiempo pasa. ¿Se puede realizar un plebiscito antes de noviembre o coincidirá con las elecciones presidenciales? En el aire flota la pregunta de cuál de los dos escenarios es peor para la reelección.

El Catatumbo es una evidencia de la dificultad del equipo de gobierno para tratar este tipo de asuntos que, como era previsible, se agudizan por el proceso de La Habana y el año electoral que comenzó. El gobierno no se anticipa y apenas reacciona, casi siempre con ofertas presupuestales tardías y costosas (¿Alcanzará la plata para todos?). Mientras el ministro del interior “recita” la Constitución a través de los medios, unos y otros producen hechos como el bloqueo de vías, esperando conseguir, a veces, más que subsidios. Desde el paro cafetero, el movimiento estudiantil (ahora en vacaciones) y el de los empleados de la rama judicial, se ha observado esta limitante. Menos discursos y más planificación, anticipación, trabajo y “overol”, con un lenguaje uniforme, parecería uno de los mensajes.

Mientras ello ocurre con la Paz, los diferentes sectores económicos lanzan sus anzuelos: cafeteros, agricultores, ganaderos y autopartistas, afectados por la competencia desleal, quieren su parte de subsidios en un escenario en que se revisan, a la baja, las cifras proyectadas de crecimiento de la economía y, también, del recaudo de impuestos. La relativa estabilización de la tasa de cambio, como consecuencia de los anuncios de la reserva federal, ha venido en auxilio de los exportadores, pero, en general, persiste algo de incertidumbre que no favorece la inversión, la cual genera y mantiene los empleos.

El crucial momento que atraviesa la reelección ha sido rápidamente interpretado por la clase política: Los conservadores valorizan sus acciones y empiezan a proponer candidato propio, como una manera de ganar tiempo para su propia división y esperando a ver lo que ocurre con la candidatura Santos; El Ex presidente Uribe, aun sin candidato de peso, se “vacuna” y anticipa ante los resultados del proceso de Paz y propone “dialogo condicionado”, conociendo que su fortaleza no se encuentra en los partidos si no en sectores de opinión que no reconocen a sus precandidatos; Los Verdes, con la presión de Navarro, se preparan, desde el mismo gobierno, para “hacer valer” los tres millones largos de votos de Antanas Mockus en las pasadas presidenciales. Todos están a la espera de alguna señal o de un candidato competitivo que, por ahora, no aparece.

Si se observan las actuaciones del gobierno en detalle y la sorpresa que a algunos de sus miembros les producen los hechos del “país real”, podría decirse que está jugado por el proceso de paz pero le resulta casi indiferente la reelección. Sin embargo, dadas las circunstancias, debería comprender que la suerte de uno y otro proceso es una sola, ameritando un revolcón en el equipo y estilo de gobierno, a menos que hubiese optado, tácitamente, por su plan B: la candidatura del por ahora silencioso Germán Vargas Lleras, quien sigue pasando “agachado”. Si no es así está inexplicablemente estático o demorado.

@herejesyluis

Otro sí: El alcalde Petro, a quien hemos criticado por su mala gestión y no por lo que dice de sí mismo o por sus supuestas preferencias políticas o personales, no queda muy bien parado con el testimonio de su ex asesora quien, aparte de ser víctima de matoneo, ha dicho que ““Cada vez que yo cuestiono la alcaldía de Petro salta un funcionario a atacarme. Le saltan a todo aquel que tenga más de 1.000 seguidores y hable mal de Petro. Petro me bloqueó en Twitter, y cuando yo estaba en la Secretaría de Planeación le dije a Gerardo Ardila (Secretario de Planeación) que le pidiera que me desbloqueara, y él me dijo: ‘¿Cómo se le ocurre que yo le voy a decir al alcalde que la desbloquee?”

¿Es esa la actitud de un gobierno encabezado por quien hizo su campaña denunciando “Chuzadas”?

Al autor de estas notas en días pasados le fueron clonadas sus cuentas de correo etc. y otras perlas. ¿Sería otro funcionario desquiciado, como el que amenazó con violar a Leszli Kalli?

 

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