Por: José Fernando Isaza

Reforma electoral

El senador John Sudarsky ha propuesto una reforma al sistema electoral usado para conformar el Senado y la Cámara de Representantes. Su idea combina el sistema de representación proporcional con la circunscripción uninominal que elige un solo representante.

El método actual no promueve vínculos entre el elector y su elegido; las encuestas sobre capital social muestran que la mayoría de los votantes no recordaban por quién lo habían hecho. Los elegidos no creen estar obligados a responder a sus electores, que en el caso del Senado están localizados en cualquier sitio de la geografía.

El tamaño de las actuales circunscripciones, el país para el Senado y los departamentos para la Cámara, hace muy costosas las campañas, superior al valor que reciben por la reposición de votos, lo que estimula conductas no apropiadas para recuperar el costo. No necesariamente campañas menos costosas disminuyen el incentivo a la corrupción; también hay corrupción en los concejos de los municipios.

Los sistemas uninominales, como el del Reino Unido o el de los Estados Unidos, tienen el problema de discriminar a los partidos minoritarios y afianzan el bipartidismo. Con este método, en teoría, un partido puede elegir la totalidad de los miembros de un cuerpo legislativo, así no tenga sino una mayoría relativa, si por ejemplo gana en cada circunscripción con la mayoría relativa. Un partido en un país multipartidista con un 40% de los votos puede elegir la totalidad de los miembros.

Una solución es la conformación del Legislativo por un sistema mixto de mayoría y representación proporcional, como el adoptado por Nueva Zelanda, que se parece a la idea de Sudarsky.

Con un número de senadores similar al actual, 100, el país se dividiría en 60 circunscripciones de 700.000 habitantes cada una. Este número permite un mayor conocimiento entre los electores y el elegido. Cada circunscripción elige como senador a quien obtenga la mayoría relativa de la votación. Cada partido define una lista cerrada de candidatos con los cuales se conformaría el 40% faltante.

Los votos de los candidatos no ganadores no se pierden, se van sumando a los votos del partido. Con estos votos, por el método de reparto proporcional se asignan las 40 curules. Habría que definir si el umbral de votos es por partido o por circunscripción.

Una objeción a este sistema es que el 40% del cuerpo legislativo sería elegido sin pasar por la votación del elector primario, con el argumento de que los votos son del partido. Una alternativa, más representativa, consistiría en que la lista se conforme en orden descendiente de los candidatos que tienen la mayor votación en la circunscripción, pero que no obtengan la mayoría.

Las ciudades grandes tendrían un número plural de circunscripciones, como éstas son espacialmente continuas, y niveles similares de ingreso. La votación se estimularía en sectores populares que tienen altos niveles de abstención, pues sus representantes se elegirían directamente. Una localidad como Ciudad Bolívar elegiría dos o tres senadores.

Como el actual sistema tiene grandes ventajas para los congresistas, es difícil que se apruebe una modificación. Hasta ahora los partidos mayoritarios se han negado a discutir la propuesta.

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