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Eduardo Sarmiento 1 Dic 2012 - 11:00 pm

A raíz del proyecto que cursa en el Congreso

Reforma tributaria sin fundamentos distributivos

Eduardo Sarmiento

Luego de haber tenido un papel de tercer plano, la equidad y la justicia social aparecen como las principales preocupaciones de los gobiernos.

Por: Eduardo Sarmiento
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Sin embargo, no se ha avanzado en un diagnóstico sobre las causas de la ampliación de las desigualdades y de los medios para reducirlas. No se reconoce que la dolencia se origina en el modelo económico que propicia una elevación de los ingresos del capital en relación con los del trabajo.

Es lo que se observa en la reforma tributaria. Una vez introducidos los cambios a la versión inicial, los elementos centrales son los mismos que se delinearon tan pronto apareció el proyecto oficial. En términos simples, el impuesto a la renta de las empresas se baja de 33 a 25% y se sustituye por un impuesto a las utilidades destinado a cubrir los presupuestos del Sena y el ICBF; como el primero reduce los recaudos en $8 billones, el segundo los eleva en $4 billones.
Se elevan las tarifas del impuesto a la renta de las personas naturales con ingresos superiores a $ 5 millones. Se eliminan los impuestos parafiscales al Sena, ICBF y aportes de la salud para ingresos inferiores a $6 millones.

Todo esto significa la reducción de los gravámenes a las empresas y el capital, la elevación del impuesto al trabajo de los grupos medios y una ligera reducción para las rentas más bajas, que se compensan con creces con un alza del IVA a los productos de primera necesidad. El conjunto contradice el anuncio de que la reforma baja los impuestos a los que menos tienen y los sube a los que más tienen. Para completar, se espera que las mayores utilidades de las empresas aumenten la contratación de trabajadores informales. Sin ninguna base, se predice un aumento de un millón de empleos formales.

La reforma se fundamenta en el principio de la eficiencia tributaria que se orienta a gravar las actividades que menos interfieren con el mercado y al recaudo. De esa manera se bajan los impuestos a las empresas para propiciar la competitividad y evitar las salidas de capitales y se sustituyen por impuestos al trabajo que ocasionan menos distorsiones y redundan en más recaudos. En aras de una eficiencia incierta, se sacrifica la equidad.

El Gobierno montó una tributaria neoliberal y la intenta justificar como equitativa con un juego de definiciones y porcentajes. Lo grave es que la mayoría del Congreso le siguió el juego. La filosofía de la reforma nunca se discutió.

No se aprendió la lección. Las reformas tributarias adoptadas en los últimos veinte años se orientaron a disminuir cargas del capital y trasladarlas al trabajo; deprimieron el crecimiento y el empleo. Lamentablemente, el país se apresta a repetir la historia con artificios pirotécnicos que pretenden decirle lo contrario a la opinión pública.

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