Por: Aura Lucía Mera

Religión, rancheras, boleros y tangos

Al fin encontré mi verdadera identidad.

Al fin sé de qué circunstancias soy el producto perfecto. Moldeado desde la infancia hasta ahora. Me encontré. Más vale tarde que nunca.

Leyendo la revista Arcadia, a la cual soy adicta y me la “sorbo” de pies a cabeza, descubrí que dejando aparte el amor y la educación recibidos de mis progenitores, mis gustos, mis llantos, mis amores, mis metas, mis tabúes y mis reacciones, mis frustraciones, ilusiones y utopías, se las debo en su totalidad a Agustín Lara, los Panchos, Sarita Montiel, Carlos Gardel, José Alfredo Jiménez, Camilo Sexto, Rafael, Lucho Gatica, Miguel Aceves Mejía, Leo Marín, El Puma, las monjas y los curas, el diablo y un cielo inalcanzable. La culpa y el temor.

Cuántas terapias me hubiera obviado, tratando de descubrir unos por qué sin respuesta posible, y con la reacción inmediata de la rabia, la tristeza, la ensoñación y la melancolía.

Con Sarita aprendí a fumar y soñar con España. “La Violetera” y el “Último Cuple” fueron definitivos en mi vida... La pasión por los toros... ese “trocito de mi capote” y tal vez esa cierta altanería un poco desafiante que también he practicado.

Los Panchos “(...) amor, amor amor... Nació de Dios para los dos. Nació del alma “fueron mi inspiración y catecismo los siete años de noviazgo con mi primer marido... Lucho Gatica me producía mariposas en el estómago. Las vísperas del adiós. Reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer”.

La separación la logré con la ayuda irrestricta y fiel de las rancheras, que me dieron las fuerzas que no tenía, me llenaron de rabia y deseos de venganza. “No volveré”. “Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la leyyy”.

Me fugué a Ecuador con mi segundo amor al compás de Rafael: “Los amantes se van, huyendo se vaaaan porque no los entienden. Cada día inventan un nuevo idilio, cada día terminan un gran amor”. “... yo soy aquel que por quererte da la vida...”.

Las monjas me inculcaron que “tocarse era pecado” y cada mañana durante años me arrodillaba en el confesionario... “Padre, ayer en el recreo me toque diez veces y en la fila veinte”. Condenada irremediablemente al fuego eterno...

“Sur”, “Caminito”, “en esta tarde gris”, “Malena”. Me llevaron a los límites del llanto y del alcohol. A el tango le debo muchas lágrimas, y muchas muchas tristezas envueltas en los vapores del vodka y el humo...

El “amor romántico” se incrustó en mi vida y me quedé esperando al príncipe azul... Ninguno fue suficiente... La varita mágica, los zapatitos de cristal, el beso que no termina nunca, las perdices, el amanecer en otros brazos, el despertar llorando de alegría.

Sí. El aterrizaje a la vida real fue de “jeta”. Pero les debo el jamás haber perdido el romanticismo, la ternura y los sueños mágicos. Qué maravilla haberme encontrado. Gracias Arcadia. Además me siento feliz de este producto que soy, qué horror haber sido parido el reguetón. ¡Auxilio!

 

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