Por: Julio César Londoño

Respuesta a la Clínica Vascular Navarra

Con motivo de la violación y asesinato de Yuliana Samboní a manos de Rafael Uribe Noguera, escribí una columna. Compartí en ella el estupor nacional por la existencia de sujetos capaces de semejantes horrores y, lo que era peor, por la complicidad que el engendroide recibía de sus hermanos, de la Clínica e incluso, de manera tácita, de una sociedad que aplaude apologías del abuso contra la mujer en ritmo de reguetón “sado”, esos madrigales de alta lírica, como los de Maluma y Alex y Fido: “Ella se vuelve loca cuando le meto agresivo, cuando la cojo por el pelo, la pego a la pared y le digo que la voy a mandar pa’ intensivos”.

Sobre la institución que atendió a Rafael Uribe, escribí: “La Clínica Vascular incurrió en una práctica criminal de complicidad por encubrimiento al proporcionarle al asesino excusas conducentes a impedir su captura y coartadas para atenuar su responsabilidad”. Lo decía en alusión al “cateterismo exprés” (el adjetivo es mío) que le practicaron al alienígena.

Luego la Clínica Vascular me exigió una rectificación. En su carta, el gerente me asesta una ristra de adjetivos fuertes y me explica que Rafael Uribe ingresó por urgencias a la clínica el 4/12 de 2016 a las 21:19 horas; que afirmó haber ingerido sustancias alucinógenas, y que, como el electrocardiograma “mostró signos de isquemia cardiaca (…) se le ordenó un cateterismo cardiaco para concretar (sic) todas las dudas sobre enfermedad coronaria”. (Cuando llegue el momento, ruego al cielo que los exámenes sirvan para que los médicos disipen sus dudas, no para que las concreten).

Luego afirma que, siguiendo los protocolos de la Clínica, el paciente fue internado en la UCI porque “en algún momento la isquemia puede convertirse en un infarto agudo al miocardio”.

Consulté a un cardiólogo. “En caso de isquemia cardiaca, me explica, los protocolos no recomiendan UCI ni cateterismos, máxime si el paciente está tranquilo, sino un estudio cardiológico. Si el estudio no es concluyente, lo usual es dejarlo en observación, no remitirlo a la UCI ni practicarle cateterismos. Esto es lo que indican los protocolos, pero la última palabra la tiene, claro, el médico”.

Pues bien, todo indica que el paciente estaba demasiado tranquilo. Un reciente informe de la Fiscalía, publicado en la edición 1818 de Semana, afirma que Rafael y sus hermanos, Francisco y Catalina, salieron caminando “en aparente calma” del edificio Equus. No utilizaron sus autos ni el servicio de ambulancia para atender la “emergencia”, y solo después de varias cuadras Rafael y Francisco tomaron un taxi y se dirigieron a la Clínica (Catalina tomó otro camino).

El informe asegura que los hermanos de Rafael “buscaron internarlo en la clínica para obstruir el trabajo de los investigadores. Quienes conocen del caso en la Fiscalía se preguntan: si realmente se trataba de una emergencia, ¿por qué salieron caminando tranquilamente? ¿Por qué no usaron el carro que tenían a su disposición en el parqueadero de Equus? ¿Por qué no llamaron una ambulancia? Dentro de la investigación también reposa un video en el que se ve a Rafael antes de ser atendido en la Clínica, usando una máquina dispensadora de gaseosas, un registro que pondría en entredicho la supuesta urgencia médica que lo aquejaba”.

Cómo comprenderá, señor gerente, no puedo rectificar mis afirmaciones antes de que la defensa del señor Uribe Noguera y la prestigiosa clínica que usted regenta le repondan a la Fiscalía estos interrogantes. Una vez surtido este proceso de manera satisfactoria para la Justicia, haré todas las precisiones que sean necesarias.

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