Por: Eduardo Sarmiento

Resultados previsibles

En los últimos meses el país se ha visto abocado a grandes sorpresas sobre eventos previsibles. El unanimismo conduce a pintar panoramas perfectos y realizar grandes despliegues para ocultar los desaciertos. No es posible evitar los resultados negativos mientras los gestores de política no los prevean.
Tanto el Gobierno como los centros de estudios cercanos preveían al principio del año que la economía crecería por encima de 5% y que el desempleo bajaría a un dígito. Los signos incontrovertibles de deterioro llevaron a modificaciones menores de las proyecciones oficiales, pero sin explicar las causas y mucho menos modificar las políticas.

La información más reciente de la industria y el empleo muestra una realidad muy distinta. La caída de la actividad industrial por varios meses, que en un principio se concentraba en los automóviles, se ha extendido a todos los sectores. En septiembre las dos terceras partes de los subsectores registraron índices negativos. El rubro de materiales de construcción descendió 4,5% y los despachos de cemento 6%. El comercio y los servicios decaen en forma persistente. Las exportaciones y las importaciones dejaron de crecer. El mayor retroceso se presenta en el empleo. Luego de crecer al 6% al final del año pasado, en la actualidad apenas lo hace al 1%. El desempleo ha vuelto a colocarse por encima de 10% y la mayor parte de los nuevos empleos se crean en la informalidad.

La evolución de la economía deja al descubierto la baja capacidad anticíclica de la política monetaria y fiscal. La respuesta es prácticamente nula para contrarrestar las caídas de la producción y el empleo. En 2011 siguieron una amplia política de expansión del crédito que impulsó la actividad productiva y el empleo, pero no era sostenible. Tan pronto las instituciones financieras advirtieron el decaimiento de la actividad productiva y el enrarecimiento de la cartera, procedieron a recortar el financiamiento. Así, los choques provenientes del debilitamiento de la economía mundial y del TLC se vieron acentuados por la restricción del crédito. Como era apenas obvio, la actividad productiva y el empleo han venido cayendo ante la sorpresa del Banco de la República y el Gobierno.

Los hechos han venido a confirmar la incoherencia del modelo de inversión extranjera, revaluación y déficit en cuenta corriente. La compensación de sus efectos contractivos con la ampliación del crédito genera ciclos e impide la regulación de las alteraciones externas. Cuando la tasa de interés baja y la actividad productiva evoluciona a toda marcha, el crédito se dispara, y cuando la tasa de interés sube y la economía opera a media marcha, el crédito decae.

En cierta forma, se replica la experiencia de América Latina, y ahora de Europa, que muestra que las políticas monetarias y fiscales no están en capacidad de regular las economías con tipo de cambio apreciado y anclado. No será fácil salir de la encrucijada actual mientras no se limite la entrada de inversión extranjera y se intervenga en forma abierta para devaluar el tipo de cambio.

El retroceso de la actividad productiva no ha logrado conmover a los autores de la reforma tributaria. Luego de los debates de los últimos veinte días, ha quedado al descubierto que la reforma reduce los gravámenes a las empresas y los compensa con una elevación de las tarifas efectivas de renta para las personas con ingresos mayores a cinco millones de pesos. En razón de que las personas naturales ahorran menos que las empresas, el expediente acentuaría las tendencias recesivas y la baja de empleo. El desempeño insatisfactorio de la economía se expandiría en el próximo año.

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