Por: Ricardo Bada

Retrucando a Fernando Vallejo

Admiro tanto a Fernando Vallejo que hace poco, en un tuit, dije que es, "con Reinaldo Arenas, lo más importante que le ha pasado a la prosa y al idioma españoles desde el boom". Pero mi amor por su obra no es ciego.

Leyendo El cuervo blanco encuentro lo siguiente: “Este Clarín, asturiano (de los que hablan bable, como las ovejas), se consideraba el arbiter elegantiae de la ‘arte bella’. Escribió un cuento de título feo, ‘Adiós cordera’ [sic] y una novela fea, La Regenta (a la francesa, a lo Flaubert, toda galicada), que gozó en su tiempo de indebida fama y que termina con el beso de un seminarista feo a una mujer desmayada: ‘el beso de un sapo’, dice él. ¡Cabrón! ¡Comparando a un batracio hermoso con el bípedo humano! ¿Pero saben qué le comentó don Rufino, años después, a mi paisano de Antioquia Enrique Wenceslao Fernández, sobre ese gachupín alzado? ‘Tal vez no sabía U. que Alas nos detesta a los americanos en globo e individualmente; no sé si sea envidia o caridad, pero para mí tiene la ventaja de la franqueza. Otros españoles tienen los mismos sentimientos que él, pero los disimulan y nos lisonjean para que les compremos sus libros y sus aceitunas’”.

Como Fernando sabe que “donde las dan las toman” y que siempre puede pagársele a otro con su misma moneda (arbitraria en este caso), me imagino cómo hacerlo. De manera que empleo el boomerang como modus operandi:

“Este Vallejo, antioqueño (de los que hablan paisa, como las mulas), se considera el enfant terrible del idioma. Escribió una novela de título feo, El desbarrancadero, y una novela fea, La Virgen de los sicarios (a lo yanqui, a lo Mickey Spillane, toda agringada), que gozó en su tiempo de indebida fama y que termina diciendo ‘Y que te vaya bien, / que te pise un carro / o que te estripe un tren’. ¡Cabrón! ¡Maltratando a unas hermosas máquinas para fines bípedohumanos! ¿Pero saben qué le comentó un compatriota, años después, a este vuestro seguro servidor, sobre ese sudaca alzado?: ‘Tal vez no sabías que Vallejo nos detesta a los españoles en globo e individualmente; no sé si sea envidia o caridad, pero para mí tiene la ventaja de la franqueza. Otros sudamericanos tienen los mismos sentimientos que él, pero los disimulan y nos lisonjean para que les compremos sus libros y sus bananas, incluyendo en primer lugar entre ellos a todos los embajadores que vinieron a lamerle el culo a Franco, y luego al Borbón de turno’”.

Y de este modo, creo que quedamos a la mano, Fernando. Lo dejamos en tablas, ¿vale? Y que tampoco se me enojen los lectores paisas: de sobra sé que no hablan como las mulas, igual que sé que tampoco los asturianos hablan como las ovejas.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ricardo Bada