Por: Álvaro Forero Tascón

¿Riesgo de populismo de izquierda… o de derecha?

Se vienen enconando una rabia y un odio impresionantes en una parte de la opinión pública colombiana, al punto que ya nadie niega el riesgo de que el populismo llegue al poder en las próximas elecciones presidenciales.

La pregunta es si será un populismo de derecha o de izquierda. En las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos la oferta populista fue tanto de derecha como de izquierda. La de izquierda hizo el trabajo limpio con Bernie Sanders, agitando el inconformismo, y la derecha —Donald Trump— lo capitalizó y ganó con el trabajo sucio, agitando la rabia económica y el odio racial.

En Colombia hay dos combustibles del populismo: el odio a las Farc y el odio a los corruptos. El primero sería de derecha porque es retardatario y promueve el statu quo, mientras el segundo sería de izquierda porque es antisistema. Pero a diferencia del populismo de izquierda que promueve la lucha de clases, el de derecha busca esconder su ideología responsabilizando de todos los males a chivos expiatorios. Por eso Trump, culpando a los mexicanos y a los musulmanes y a los políticos, ganó gracias al voto de los sectores obreros que siempre habían votado por el Partido Demócrata. A pesar de apoyar la tesis ultra republicana de reducir drásticamente los impuestos a los estratos más altos. Los mismos obreros que habían votado en las primarias demócratas por Bernie Sanders, cuya bandera era reducir la desigualdad a través del aumento de los impuestos a los ricos.

En Colombia podría ocurrir lo mismo: porque el populismo de derecha, basado en el odio a las Farc, ante el hecho de que éstas dejarían las armas, lleva años mutando hacia odio a Santos y su coalición “enmermelada”. Así como un billonario que no paga impuestos pudo convencer a obreros a votar por ahondar la desigualdad, usando las emociones para achacarle la culpa a los mexicanos, el uribismo va a tratar de capitalizar el odio contra los corruptos achacándole la culpa a la “mermelada” santista, así sea copartícipe del escándalo de Odebrecht y no le quepan más escándalos de ilegalidad. El recurso a las emociones ciegas del populismo permite casi todo, razón por la cual el exprocurador, cuya elección fue anulada por tráfico de influencias con políticos y magistrados “enmermelados”, promueve ahora la lucha contra la corrupción “enmermelada”. El objetivo de la marcha del primero de abril es fundir los dos populismos en uno. Cuando Obama ganó la reelección, Donald Trump dijo que no quedaba otro recurso que convocar marchas.

Mediante el populismo, el Tea Party logró ponerse a la derecha del establecimiento del Partido Republicano, captar una base electoral extremista y con ello dominar las últimas elecciones estadounidenses. Su estrategia fue el odio visceral contra Barack Obama y sus reformas progresistas. Lo acusaban de dictador por expedir órdenes ejecutivas. Hasta que otro más populista capturó esa base y la amplió, Trump. El uribismo es el equivalente del Tea Party, logró quitarle las banderas conservadoras al Partido Conservador yéndose más hacia la derecha. De tanto imitar las estrategias extremistas norteamericanas podría sucederle lo mismo: que Alejandro Ordóñez u otro populista aparecido coseche toda la rabia que lleva años sembrando.

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