Por: Esteban Carlos Mejía

Rigoberta, Barranca, etcétera

Mi amiga Isabel Barragán me pregunta si la minifalda le queda bien. ¿Puedo, acaso, decirle que no? Le llega a la mitad de los muslos, bronceados y altivos, y el pompis se le forra con turbadora delicadeza. Ojalá saliera en topless, pero Bucaramanga (aún) no es playa nudista. Estamos en Ulibro 2012, la feria más importante del oriente colombiano, y caminamos cogidos de la mano por la Universidad Autónoma, Unab.

Vamos a ver a Rigoberta Menchú Tum, la indígena quiché maya que en 1992 ganó el Premio Nobel de Paz. El testimonio de sus luchas, sufrimientos y esperanzas fue recopilado por la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos en Me llamo Rigoberta Menchú y así nació mi conciencia, libro imprescindible para quien crea o quiera creer en el perdón, la reconciliación y la concordia. Es chaparrita. “Nací en verano y por eso soy así”, comenta de buen humor. Será bajita, pero su voz suena recia y vertical. Eso sí, habla con diplomacia, aprendida en foros y conferencias multilaterales, pues no sólo es medallista del Nobel: en 1998 recibió el Premio Príncipe de Asturias por su trabajo de dignificación de la mujer. Y no se enreda con el pasado. Se desvive por el presente y el futuro, por la paz y los derechos humanos.

Alguien aprovecha para preguntarle sobre el calendario maya. Sonríe con picardía y hace una síntesis de la cosmogonía de su pueblo. El jueves 20 de diciembre de 2012 será el último día del 13 baktun. Un baktun es igual a 144.000 días, o sea, unos 395 años, casi cuatro siglos gregorianos. Ese día (12.19.19.17.19) será el fin del mundo, según Hollywood. Pero el viernes, 21 de diciembre o 13.0.0.0.0, empezará un nuevo baktun... “Son fechas propicias para buscar y hallar la conciencia propia”, dice Rigoberta, no sin convicción. Isabel me susurra al oído: “¿Por qué la gente leerá a Paulo Coelho en vez de leer el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas? Es una sabiduría más antigua y menos farandulera, de cuando ‘todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo’. ¿Les dará miedo o qué?”. “Pereza”, digo. “El esoterismo contemporáneo está hecho a la medida de sus creyentes”, corrobora ella. De paso, Rigoberta menciona su partido, el Winaq, del que fue candidata presidencial en 2011. “Winaq quiere decir ‘ser humano’. Porque primero somos humanos y después, hombres o mujeres”, dice. El público la aclama con una cariñosa y solidaria ovación.

En seguida, Isabel y yo salimos, entre miradas de codicia, para una charla sobre literaturas regionales con la poeta Andrea Cote y los prosistas Nahum Montt y Pablo Montoya, todos de Barrancabermeja, a la orilla del Yuma. Es un encuentro feliz, lleno de reminiscencias ecopetroleras, canchas de béisbol, burdeles, bares de salsa y son montuno, creaciones, lecturas, escrituras, y dichos escalofriantes o casi surrealistas, como ese de “¡cierren la puerta que se sale el aire!”, con el que las buenas gentes de Barranca tratan de conservar la refrigeración de sus casas. Isabel ni se inmuta: con minifalda la calentura les da a otros.

Rabito de paja: ¿Santos o Uribe? “Si he de escoger el menor de ambos males, no escogeré ninguno”: Karl Kraus (1874-1936).

 

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