Por: Juan Carlos Gómez

Ronald Coase, precursor de la subasta

El pasado 2 de septiembre falleció a la edad de 102 años el economista británico Ronald Coase, premio Nobel de Economía en 1991, disciplina en la que, además del derecho, dejó un valioso legado.

En 1959 sorprendió al mundo académico con un ensayo sobre la manera caprichosa como en Estados Unidos la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) asignaba a los operadores las frecuencias de radio y televisión. En su opinión el espectro radioeléctrico, en lugar de ser administrado graciosamente por los gobiernos, debería ser objeto de libre transacción económica, como la propiedad raíz.

En 1897 Marconi inventó el mecanismo para hacer posible las comunicaciones vía radio, por lo cual obtuvo en Inglaterra la patente que lo hizo millonario. Todo hacía pensar que la nueva tecnología sería un bien privado, el cual se explotaría a discreción de quien pudiera realizar emisiones radioeléctricas y que obraría la mano invisible del libre mercado.

Pronto se generó un caos de interferencias, que entre otras cosas causó el gran número de víctimas mortales tras el hundimiento del Titanic. Precisamente, el año de esa tragedia, en 1912, se expidieron en Estados Unidos las primeras normas que exigieron una licencia para el uso de las frecuencias radioeléctricas. En 1927 la Radio Act formalizó el control estatal sobre las frecuencias, modelo que desde entonces se aplica en casi todos los países del mundo.

Lo usual durante casi todo el resto del siglo XX fue que las autoridades en cada país asignaran el espectro a través de mecanismos subjetivos como las licitaciones o la concesión indefinida del privilegio a los que primero lo usaran.

Todo cambió desde finales de la década de los 80. Gracias a los planteamientos de Coase, se consideró la valoración económica de las frecuencias a través de la subasta, con lo cual las arcas públicas de muchos países —incluido Colombia— han recogido varios millones de dólares.

Hasta muy poco antes de su fallecimiento, Coase seguía trabajando activamente. Su último proyecto fue una publicación para acercar la economía a los seres humanos y a la realidad, una tarea que los economistas le deben a la sociedad.

 

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