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César Rodríguez Garavito 21 Ene 2013 - 11:00 pm

La Rosa de la India

César Rodríguez Garavito

Los seis violadores le destrozaron los intestinos con una vara de metal. En el horror, la universitaria quizá vio el borrón luminoso de los barrios elegantes de Nueva Delhi por las ventanas del microbús de la muerte. Tan lejos, tan cerca: la Rosa Elvira Cely de la India. Al morir, despertó como un shock eléctrico la indignación de la democracia más grande del mundo.

Por: César Rodríguez Garavito
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La misma democracia donde una mujer es quemada viva cada 90 minutos por su esposo o su familia política, descontentos con la dote pagada por los padres de la novia en la boda. Así murió en octubre Pravartika Gupta, calcinada mientras dormía con su hijo de un año, que sobrevivió de milagro. Los incendiarios —su esposo y su suegro— cobraban con la vida el apartamento que la familia de Gupta no quiso añadir al carro y los 40 millones de pesos de la dote acordada.

Si a los asesinatos brutales se suman las otras formas de violencia contra las mujeres indias, se entiende la cifra escalofriante de 100 millones de mujeres “faltantes” en ese país. Según cálculos del Nobel Amartya Sen, ese es el número de mujeres que deberían estar vivas, pero han muerto por la discriminación de todo tipo, desde los abortos selectivos hasta la mejor alimentación que se da a los hijos varones, pasando por las violaciones mortales.

El nivel de agresión contra las mujeres indias no es excepcional, aunque lo sean algunas de sus modalidades. India es sólo una lupa que multiplica por 1.200 millones de habitantes lo que pasa alrededor del mundo. Países como Colombia y Perú tienen tasas más altas de violencia doméstica que India, de acuerdo con las encuestas comparadas de Measure DHS. Acabamos de enterarnos de que en Colombia más de 6.000 niñas menores de 14 años quedan en embarazo por cuenta de adultos y que muchas veces los criminales padres son familiares suyos. Y en Estados Unidos, el proceso contra los jugadores de fútbol americano acusados de violar repetidamente a una adolescente en Ohio viene con las mismas acusaciones contra la víctima que ya se oyen en el juicio contra los violadores de Nueva Delhi: eso le pasa por andar en la calle; la jovencita se lo buscó porque “la ropa provocativa” equivale a “una invitación a la violación”, como dijo el 68% de los jueces indios en una encuesta.

La ironía es que todo esto sucede cuando comienza la celebración de los 20 años de la Declaración de la ONU sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Reunidos en Viena en 1993, delegados de todo el mundo prometieron erradicar “la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada”. También “el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer”.

Lo irónico del momento no sirve de consuelo. Como escribió J. M. Coetzee, el Nobel de Literatura sudafricano, “la ironía es sencillamente como la sal: la haces crujir entre los dientes y disfrutas de un sabor momentáneo; cuando el sabor ha desaparecido, los hechos irracionales siguen ahí”. Sigue ahí, por ejemplo, la cifra de 37% de hombres sudafricanos que reconocieron haber violado una mujer.

De modo que la humanidad mastica un gigantesco grano de sal: la violencia masiva y reiterada contra la mitad de sus integrantes. Lo cual nos hace a la otra mitad los principales responsables de más muertes violentas y lesiones femeninas que la combinación de males como el cáncer, la malaria, la guerra y los accidentes automovilísticos, según el experto Nicholas Kristof.

Se ha escrito mucho sobre las soluciones a semejante barbarie. Pero quizá haya que comenzar por sentir el amargo sabor en la boca.

 

  • César Rodríguez Garavito* | Elespectador.com

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manamuisca

Vie, 01/25/2013 - 21:43
como abogado del diablo , no es culpa de hombres o mujeres, sino de estructuras de poder autoritario anrraizado en las culturas tradicionales vinculadas a sectores primarios y secundarios; sin embargo la terciarización económica sin embargo la modernización y globalización ha generado nuevas cadenas a las mujeres y especialmente a las jóvenes como el tráfico de personas, la esclavitud sexual , laboral y criminal, especialmente en las jóvenes ilusinadas por el consumismo.las industrias trasnacinaes de la aculturación reproduce formas más refinadas de opresión y dominación; especialmente por cuanto el ejercicio femenino es servicial y barato,;las diferencias de suvencion en seguridad social.El hecho de la maternidad y la jefatura femenina de las familia implica doble explotación .
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Johann Kaspar Schmidt

Mar, 01/22/2013 - 20:23
Si profesor. Un amargo sabor, pero también una culpa inmensa. Una culpa necesaria para que esto empiece a cambiar. Indudablemente esa culpa debe recaer, en su mayor parte, en los hombres. Desde cualquier punto de vista es inadmisible la excusa de "ella se lo buscó". Sin embargo, nuestra cultura está totalmente atiborrada de mensajes, símbolos, signos, de violencia sexual contra las mujeres, de las que son partícipes también las mujeres y de la que todos somos culpables por omisión. El reguetón, me parece a mí, es la primera de ellas, entre muchas otras. No tanto como para llegar a prohibirlo, pero sí para ponerle freno a esa violencia simbólica y latente que alimenta la violencia manifiesta. Mientras se siga pensando que la mujer es un objeto y no un sujeto, seguiremos igual o peor.
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ivan varios

Mar, 01/22/2013 - 15:59
Lo dijo la ministra holguín : (sic) "Ahí donde hay un hombre , hay varias putas" ....................sin palabras.
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Aracataka

Mar, 01/22/2013 - 13:23
..escalofriante! impactante darnos cuenta que la tan mentada civilizacion sigue en las cavernas! tantas leyes, tantos congresos, tantas reuniones cumbres y la bestialidad, la brutalidad entre los hombres sigue siendo el pan de cada dia! la noticia de que un violador que mato a una chiquilla de 6 years, resulto ser el vecino de su casa, un deprabado, reincidente, acusado de otros crimenes, que andaba suelto! que tal esa justicia? que tal esa garantia de vida del estado para con los ninos y las mujeres? todos los dias hay crimenes horrendos contra la mujer y los ninos, y nada pasa, la vida sigue su curso, la noticia como la de Rosa pierden vigencia y las leyes siguen escritas, sin efectividad, esperando cada dia una nueva victima! .excelente nota! escalofriantes datos!
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Gaturria

Mar, 01/22/2013 - 10:21
Sin palabras. A veces quisiera ser hombre por un instante solo para ver si puedo entender qué les pasa por la mente cuando abusan de una mujer. Siento que sí somos el sexo débil, o por lo menos el sexo frágil, vulnerable y desprotegido. Es inquietante saber que estamos expuestas a más peligros por parte de hombres violentos que gracias a enfermedades o accidentes. Sin que todas las religiones ejerzan directamente una influencia machista, sí es cierto que el dominio de las tres grandes religiones del mundo pone a la mujer como algo secundario donde en lugar de ser las víctimas somos las provocadoras. Los católicos incitan a la mujer a ser sumisa y quedarse en el hogar, los judíos a que usen un estricto código de recato en el vestir y tengan hijos por montones, los musulmanes ni se diga...!!
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Lira.

Mar, 01/22/2013 - 08:28
Uno se pone a leer la historia de las diferentes religiones y se da cuenta que las religiones con su discriminacion son las que mas han induciso a la violencia del hombre contra la mujer. ¿HASTA CUANDO LOS REPRESENTANTES DE DIOS EN LA TIERRA CON SU DISCRIMINACION VAN A SEGUIR PROMOVIENDO LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER?
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seamus

Mar, 01/22/2013 - 07:58
Excelente columna. La brutalidad contra las mujeres debe parar. Seguimos viendo a las mujeres como objetos, pocas cosas. Aceptamos cínicamente que los adultos cortejen a niñas y las embaracen o abusen impunemente. Somos una sociedad de "machos" con una incapacidad infinita de saber cómo tratar a nuestras mujeres. A los hombres nos enseñan a morbosear, a no aceptar un no como respuesta, a acosar, en resumen, a negar que las mujeres son fines por sí mismos.
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