Por: Juan Pablo Calvás

¿Sabemos reciclar?

Haciendo a un lado el debate sobre quién debe recoger las basuras en Bogotá, es necesario que los habitantes de la capital y, de paso, todos los colombianos reflexionemos sobre el manejo que le damos a los desechos que salen de nuestras casas y empresas.

No deja de ser sorprendente que en pleno 2012 todavía haya quienes en las redes sociales se burlen de la propuesta de hacer separación de residuos desde la fuente y que aún existan personas a quienes les parezca un dolor de cabeza tener que disponer de bolsas de distintos colores para determinar cuáles son los desechos orgánicos y cuáles los reciclables.

No es la primera vez que en la capital se habla de iniciar un programa de reciclaje. Recordemos que a finales de 2007 y comienzos de 2008 la administración de Samuel Moreno quiso implementar un programa de recolección selectiva de basuras bajo unos principios similares a los que propone hoy la administración de Bogotá. El programa fue prácticamente un fracaso: muy pocos acogieron la idea de sacar sus desechos en bolsas de distintos colores y otros ni se enteraron de que había comenzado el programa de reciclaje. Al final quedó como balance que de las 6.000 toneladas diarias de basura producidas por los bogotanos, apenas 10 eran recogidas dentro del programa de ruta del reciclaje.

Es por esto que empezar a distinguir los tipos de desechos y hacer su separación en casa no debería ser una iniciativa exclusiva de la capital. El decreto que estipula el nuevo modelo de aseo para Bogotá determina en su tercer numeral que separar los residuos desde la fuente es una obligación ciudadana, más que un acto voluntario. Eso mismo debería considerarse a nivel nacional. Ya es hora de que el país entero empiece a ponerse a tono con este tipo de estrategias que resultan básicas dentro de un modelo de desarrollo sostenible. Es hora de que el país piense en serio en el tema del reciclaje.

No deja de sorprender que mientras en Bucaramanga y Tunja andan buscando terrenos para crear rellenos sanitarios y así tener donde disponer de sus basuras, nadie en estas ciudades se preocupe por disminuir la cantidad de residuos que deben enterrarse en dichos rellenos a través de programas efectivos de reciclaje. Eso debería ser una prioridad.

Modelos de legislación e incentivos para el reciclaje hay muchos. Estrictos y laxos. En la Unión Europea tienen una normatividad bastante rigurosa que exige a cada país el cumplimiento de cuotas mínimas de reciclaje; en Estados Unidos a los hogares que reciclan les dan a cambio bonos de compra. ¿Qué podemos hacer en Colombia?

Ha llegado el momento de promover la puesta en marcha de verdaderas plantas de recuperación y reutilización de desechos. El Estado debe apostar a una legislación que obligue a la separación de residuos desde la fuente. No podemos seguir pensando que las basuras son asunto de unos señores que pasan en un camión y desaparecen por arte de magia todo aquello que desechamos.

Más allá de si nos gusta o no la actual administración de Bogotá vale la pena hacer la apuesta al modelo de reciclaje. A fin de cuentas el éxito de esta iniciativa no es por el bien de Petro sino de la ciudad y el medio ambiente en general.

juanpablocalvas@gmail.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Calvás