Por: Columnista invitado

Saber y poder en el ambiente (II)

Las corporaciones ambientales regionales seguirán siendo instrumento de la politiquería local y no del interés público si la ciencia y la tecnología no recobran la importancia que tuvieron en la mayoría de esas instituciones.

Sólo el conocimiento objetivo e integral de los procesos ambientales físicos y humanos, el saber ambiental, puede ser capaz de confrontar y equilibrar el poder de las coaliciones de intereses que se conforman en las juntas directivas de las CAR y que se transmiten a las decisiones que toman sus funcionarios.

Esos equilibrios entre saber y poder no son imposibles, han existido a lo largo de la historia de algunas de las corporaciones autónomas. Son varios los ejemplos de buen manejo ambiental regional en pequeñas y grandes corporaciones cuando se ha conformado en ellas un buen cuerpo científico, profesional y técnico de funcionarios con la suficiente preparación, fortaleza y entusiasmo, con lo que pudiera llamarse mística ilustrada, la mezcla de saber y poder necesaria para comprender la estructura y el funcionamiento de los socioecosistemas y para sostener el interés público cuando se tratan de imponer intereses contrarios.

El saber ambiental proporciona poder a los funcionarios que comprenden la necesidad de proteger el medio ambiente y que dedican su vida a este propósito; el equilibrio entre el conocer, el entusiasmo y el poder es la base indispensable para que la gestión ambiental sea eficaz y eficiente. Hoy, cuando existen decenas de programas universitarios ambientales y cientos de proyectos de investigación en el tema, no sería difícil que el Gobierno y el Congreso establecieran mecanismos para generar en las corporaciones altos niveles de conocimiento científico, profesional y técnico y evitar así errores semejantes a los que nos condujeron a crisis pasadas.

La historia institucional colombiana nos da por lo menos dos buenos ejemplos de equilibrio entre saber y poder. El Banco de la República siempre ha sido capaz de mantener un excelente cuerpo de directivos y de investigadores que ha evitado que se cometan errores como los que han afectado a la economía de repúblicas vecinas; la Universidad Nacional, a través de todos estos años de guerra y de corrupción, ha conservado un nivel científico y profesional suficientemente elevado para que sus decisiones y sus procesos sean respetados y sus egresados puedan ser fundamento de la prosperidad de la Nación. Ambas son instituciones públicas autónomas y tal vez esa autonomía, unida a la prioridad que ha tenido en ellas el saber científico, profesional y técnico, ha evitado el debilitamiento sufrido por otras instituciones colombianas.

La reforma a las corporaciones regionales se presentará próximamente a consulta con las comunidades étnicas y posteriormente será considerada por el Congreso. Ojalá en ambos procesos el Ministerio acopie todo el saber necesario para que su poder de convocatoria sea eficaz.

Julio Carrizosa Umaña

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