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Álvaro Forero Tascón 20 Ene 2013 - 11:00 pm

Sacar a Petro

Álvaro Forero Tascón

Está creciendo la idea de retirar al alcalde Gustavo Petro de su cargo, ante el hecho de que el escenario público de la ciudad se ha convertido en un cuadrilátero de boxeo.

Por: Álvaro Forero Tascón

La responsabilidad de esa situación es atribuible al alcalde en buena parte. Pero también a la intolerancia de un sector del establecimiento y de las mayorías que no votaron por él, frente a la orientación de izquierda de muchas de las decisiones de Petro.

Sacar a Gustavo Petro de la Alcaldía por medio de revocatoria o destitución sería un error histórico. Parte de la tragedia de la violencia colombiana de los últimos sesenta años es producto de la intolerancia frente a los políticos de izquierda. Si hubieran dejado que Gaitán ganara las elecciones, Colombia se habría ahorrado ríos de sangre, porque éste habría gobernado mal y así desprestigiado al populismo, o lo habría hecho bien y, al hacerlo, desmontado el argumento de que la violencia era el único recurso en una democracia parcializada.

Derrocar a Petro sería una incongruencia, porque fue el propio Establecimiento el que le regaló la Alcaldía cuando dividió las mayorías por temor a que fuera candidato presidencial, pues Uribe arruinó a Peñalosa y Santos apoyó a Parodi, Vargas a Galán y Pardo a Luna. La mejor prueba de que los jefes políticos hubieran podido persuadir a los jóvenes candidatos de retirarse o unirse para evitar la elección de Petro, es que hoy éstos son empleados del Gobierno.

Si el procurador general —el mayor representante de la derecha intolerante y de la clase política clientelista— destituyera a Petro y lo inhabilitara para ejercer cargos públicos, como piden algunos, se abriría una herida política que podría tardar décadas en sanar. Significaría que la clase política colombiana no ha podido superar su tendencia a responder a los retos políticos a las malas, circunstancia que facilitó el Bogotazo, la Violencia, el Pacto de Chicoral, el magnicidio de la UP, el paramilitarismo. Y convertiría a Petro en un mártir político, entregándole las banderas de la antipolítica que usaría con el tesón que lo caracteriza, desde una tribuna privilegiada, para fustigar todos los días al Establecimiento, y sobre todo atacar al sistema político clientelista que los ciudadanos detestan. No está claro que una inhabilidad para ejercer cargos públicos le impediría ser candidato presidencial, en momentos que una eventual paz y la división política del Establecimiento mejorarían considerablemente las posibilidades electorales de la izquierda moderada, por oposición a la más radical que representarían las Farc.

Hoy Colombia es el cuarto país de América Latina en población y tamaño de la economía. Ya es hora de entender que el desarrollo implica dejar atrás las maneras atrabiliarias de manejar la política, y esforzarse por ser una democracia seria. Los sectores intolerantes que quieren sacar a Petro a sombrerazos, olvidan que la mejor protección para sus intereses es la democracia. Que los populistas llegan al poder precisamente cuando fracasan las democracias, como sucedió en Venezuela. Que la mejor manera de apostarle a la “chavización” de Petro es acorralarlo, y relevarlo mediante una obsesiva persecución política de la obligación de producir soluciones a los difíciles problemas de Bogotá.

  • Álvaro Forero Tascón | Elespectador.com

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