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Ramiro Bejarano Guzmán 19 Ene 2013 - 11:00 pm

Notas de Buhardilla

La sacudida

Ramiro Bejarano Guzmán

No dejan de divertirme las babosas declaraciones de buena parte de nuestra desgastada dirigencia nacional, pidiendo debates con altura, mesura y ponderación al expresidente Uribe, ahora que por fin el presidente Santos ejerció el legítimo derecho de mandarlo al lugar adecuado.

Por: Ramiro Bejarano Guzmán

En efecto, en estos dos años en los que Uribe ha venido inflamando el ambiente contra Santos, a ninguno de esos supuestos reconciliadores oficiosos se le había ocurrido censurar la actitud del exmandatario. Durante todos estos meses se ha sucedido una declaración agresiva tras otra más provocadora, más los innumerables trinos con los que ha insultado a diestra y siniestra, porque eso es lo que es Uribe, un insultador profesional. Y nadie dijo nada, porque al mesías todo le es permitido.

Después de infinidad de pullas llegamos a donde ahora estamos. El error de Santos no es haber reaccionado ahora, sino haber tardado tanto en hacerlo. El cuento del mantra “no peleo con Uribe” no le dio resultados positivos, porque mientras más eludía a su crítico, más feroces y punzantes venían sus críticas y vainazos de todo orden, hasta que tuvimos que presenciar el “canallazo” con el que Uribe confirmó su precaria estirpe intelectual. Tan lacerantes son las salidas en falso y descompuestas de Uribe, que por estos días soltó un globo cargado de veneno, con una críptica referencia al caso del almirante Arango Bacci, que dejó la sensación de que hay algo allí con lo que el expresidente siente que amenaza a Santos o al menos que lo incomoda.

Santos dio el paso que estaba en mora de dar desde hace mucho tiempo, pero todavía falta. El siguiente tendrá que ser renovar su gabinete y atemperarlo a los tiempos que se vienen. El Gobierno no puede seguir en manos de ministros uribistas, con excepción de Juan Camilo Restrepo, unos más que otros, porque todos estuvieron mamando de esa aventura de la seguridad democrática. Hoy muchos de ellos sienten pánico o temor reverencial de contradecir el torrente verbal de Uribe, y por eso cuando han tenido que salir a responderle y se encuentran con la reacción furiosa del exmandatario, salen como perritos asustados a buscar protección presidencial.

Y es allí donde hay una gran diferencia. Mientras Uribe y su séquito de aduladores están prestos a lanzar improperios en contra de Santos, el presidente prácticamente está solo, porque entre todos sus ministros no hay uno que haya sido capaz de asumir el reto de cantarle la tabla al exmandatario. Por el contrario, hasta hay ministros que se esfuerzan en imitar el lenguaje belicoso y la actitud bravucona de su patrón en la sombra. Cada uno de esos ministros está cuidando su propio feudo y su diminuta parcela de prestigio, que se vendría abajo el día que toreen a Uribe o tengan que enfrentarlo. Del otro lado, por ejemplo, el uribismo ya habla de que un personajillo como José Félix Lafaurie, recalcitrante y ácido crítico del gobierno, estaría escalando a la condición de presidenciable. ¡Hágame el favor! Y como ese hay otros uribistas pura sangre que se mantienen vivos en la escena nacional, gracias a que han llenado los espacios que deberían haber colonizado los aturdidos ministros.

Las cartas están por fin echadas. Se acabó el esperpento de la Unidad Nacional; ahora Santos tendrá que sobrevivir con sus propias fuerzas

Adenda. El destemplado discurso de posesión del procurador Ordóñez, en el que sindicó a sus críticos de “matoneo”, es una afrenta a la prensa y a la libertad de expresión, que al presidente Santos no pareció incomodarle. Lo que no mencionó el corrupto procurador en su rimbombante segunda posesión, fueron las canonjías que prodigó con cargo a la nómina oficial para hacerse reelegir. Pero que nadie se llame a engaño, ese procurador que se ampara en la caridad cristiana para mostrarse magnánimo, lo que esconde es su talante resentido y su ánimo de venganza. Ya lo verán.

  • Ramiro Bejarano Guzmán | Elespectador.com

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