Por: Luis Carlos Reyes

Salario mínimo legal para congresistas

Andan recogiendo firmas en la calle para bajarles el salario a los congresistas, porque es escandaloso que ganen 40 salarios mínimos. Lo que proponen es que les paguen “apenas” 25. ¡Qué propuesta tan mediocre! Si bajar de 40 a 25 es bueno, ¿por qué no de una vez hacer una reforma radical y pagarles un solo salario mínimo legal? Al fin y al cabo, el mínimo es más de lo que ganan la mayoría de los trabajadores colombianos, que son casi todos informales.

Hagamos el ejercicio mental: nos indigna que ganen 40 mínimos porque además se roban la plata que nos sacan en impuestos con cosas como la reforma tributaria. Pero supongamos que hay dos o tres congresistas decentes, entre ellos la promotora de esta iniciativa. Seguramente, si les bajamos el salario al mínimo, los que no roban van a renunciar porque hay otros trabajos en los que les pagan más. ¿Quiénes se quedan? Pues aquellos para los cuales su principal fuente de ingresos nunca fue el salario, sino las tajadas que les sacan a los billonarios contratos del Estado.

Si bajarles el salario al mínimo parece entonces mala idea, ¿qué tal bajárselo a dos mínimos? ¿O a cinco? ¿O a diez? La cosa es esta: a los corruptos la reducción del salario no les afecta mucho, mientras que a los que tengan ética y aptitud gerencial los va a sacar del Congreso. 40 salarios mínimos son mucha plata, pero lo cierto es que no hacen falta cargos en el sector privado donde a los buenos ejecutivos se le compense con salarios de este nivel.

¿Quién, si tiene un empleado incompetente y del que sospecha que le está robando a la empresa, responde bajándole el salario y no echándolo? Pues, al parecer, el pueblo colombiano. Que el Congreso ha sido un mal administrador de los recursos públicos no se pone en duda. Pero pensar que esto se soluciona bajándoles el salario a los congresistas es una bobada. Mejor botémoslos con nuestro voto, y contratemos otros mejores.

Un excelente estudio de la Universidad de Berkeley y la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro demostró que, cuando Brasil redujo el salario de sus legisladores locales, el nivel de educación de estos bajó, bajó el nivel de experiencia laboral con el que llegaban al cargo, presentaron menos proyectos de ley y los proyectos que presentaron fueron aprobados con menor frecuencia. Además, sus iniciativas generaron menos instituciones educativas y de salud que antes de la reducción de sueldo. Brasil y Colombia no son tan distintos, y sería razonable esperar que acá sucediera algo parecido.

El costo de la corrupción se calcula en un 20% del presupuesto nacional, mientras que el salario de los congresistas es alrededor del 0,004%. Si les triplicáramos el salario, o si se lo bajáramos a cero, no veríamos una diferencia significativa en los gastos del Estado. Pero sí cambiaríamos los incentivos que tienen los ciudadanos honestos (los hay, ¿o es que usted no es uno de ellos?) para buscar cargos públicos.

La consulta propuesta tiene puntos interesantes, pero preocupa que su bandera sea una iniciativa tan populista e ineficaz como esta. Es cierto que el Congreso actual no está haciendo un buen trabajo. Despidámoslo. Pero esto sólo se logra saliendo a las urnas a votar de manera informada, estigmatizando socialmente el abstencionismo y la venta de votos,  y postulándose uno mismo a cargos públicos si es necesario.

* Luis Carlos Reyes, Ph.D., Profesor del Departamento de Economía, Universidad Javeriana

Twitter: @luiscrh

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