Por: Santiago Gamboa

Salman Rushdie y el procurador Ordóñez

Ignoro si al procurador Ordóñez le gusta leer, pero de ser así, y visto que se queda otros cuatro años, le recomendaría de inmediato las memorias del escritor Salman Rushdie, tituladas Joseph Anton (Joseph por Conrad, señor procurador, y Anton por Chejov, un cuentista ruso).

 Ahí descubrirá por qué a los ciudadanos de cualquier democracia laica, les molesta que la moral religiosa se mezcle con el poder. Mejor aún: que esa moral determine el ejercicio del poder, y sobre todo que se use para confiscar la libertad de otros y obligarlos a cumplir a la fuerza preceptos en los que no creen.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos” (esto no es de Rushdie, procurador, sino de Cervantes). Fíjese bien lo que dice Cervantes: “los cielos”. No dice Jesucristo ni Alá ni Yavé, y por eso interpreto que cada cual tiene el suyo propio. Yo creo en los clásicos de la literatura, en la pintura y en la música. Ese es mi cielo, que según entiendo es diferente del suyo: el que usted ha impuesto en estos cuatro años y al que agradeció su reelección (aunque todos saben que no fue un milagro de ese dios).

Eso sí, no creo que por ser usted católico no pueda ser reelegido. Si fuera musulmán o devoto de Krishna tendría el mismo derecho, pues nadie debe ser discriminado por eso. El problema es que usted crea que puede ejecutar sus preceptos católicos a través de su cargo. Ahí la religión sí se vuelve un problema y ya no hay excusa para los que le dieron el voto, pues todos lo sabían (pero no les importó).

A diferencia de Irán con su ayatolá Jomeini (que condenó a muerte a Rushdie por blasfemia), Colombia aún está afortunadamente muy lejos de ser una teocracia. Sin embargo usted, por principios religiosos, se opuso como funcionario (como creyente sí puede hacerlo) a debates como el aborto libre o el matrimonio y la adopción en parejas homosexuales, y esa convicción prevaleció en sus decisiones por encima de los derechos de una serie de ciudadanos. Si usted fuera musulmán sería integrista wahabí (le tengo ese chisme, es su equivalente en las filas de Alá), y sin duda le impondría a las mujeres el uso del burka. Probablemente saldría también a ejecutar a Salman Rushdie.

Ahora que obtuvo su muy predecible y calculada reelección, lo invito a reflexionar sobre esos temas. No olvide que Colombia es un Estado laico, y por eso no hay concordancia entre sus preceptos de creyente y la realidad administrativa donde pretende aplicarlos. Como si un árbitro de fútbol, en plena calle, le sacara tarjeta a un transeúnte por no llevar pantaloneta. Sería ridículo, ¿verdad?

Para terminar le dejo una cita de Rushdie, del libro ya citado: “En estos tiempos se arrastra a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos, se los alienta a considerarse sólo una cosa, serbio o croata o israelí o palestino o hindú o musulmán o cristiano o bahaísta o judío, y cuanto más estrechas se vuelven esas identidades, mayor es la probabilidad de conflicto entre ellas”.

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