Por: Columnista invitado

¡Salud! por la grandeza de la grandeza de la Corte Constitucional

El que repulsa a una persona homosexual, se repulsa a sí mismo.

 
Sostengo esta sentencia porque en conversaciones de muchachos algún día oí que todos tenemos algo de homosexual.
 
A partir de la noticia que da cuenta del fallo de la Corte Constitucional que abre la puerta a la adopción igualitaria, es decir, la posibilidad para que parejas de homosexuales adopten legalmente menores abandonados o huérfanos a cargo del ICBF, comenzó a darme vueltas en la cabeza, cómo escribir un artículo que resaltara la grandeza con la que el máximo tribunal constitucional resolvió el debate, que favorece a las minorías y que produce ampollas entre las mayorías.
 
Y encontré la fórmula en Sigmund Freud, quien a pesar de considerar a los homosexuales como "pervertidos" y "equivocados de juicio", escribió "Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina" comenzando su famosa Teoría Sexual asintiendo que “los sueños perversos, incestuosos y crueles son comunes a todos los hombres y no son monopolio de los neuróticos, por lo que podemos concluir diciendo es que el hombre normal ha pasado a través de las perversiones siendo éstas un camino evolutivo normal y sano”.
 
Conclusión Freudiana: Todos somos pervertidos y por tanto, homosexuales, siendo normal y sano.
 
Con esta reseña, a las mayorías ya no les podrá salir ampolla, y puedo ahora sí entrar a cumplir mi objetivo propuesto.
 
Se necesita valentía, grandeza y un verdadero sentido liberal para que quien goza de tan alta magistratura tome una decisión de esa magnitud y efecto en nuestra sociedad con vigencia conservadora y ortodoxa. Mucho más destacable resulta el hecho que en el grupo de la posición mayoritaria se encuentren dos mujeres. Las Magistradas María Victoria Calle y Myriam Ávila.
 
Esta decisión vuelve y coloca a la Corte Constitucional de Colombia entre las más adelantadas en protección de los derechos fundamentales de las minorías y de los niños, niñas y adolescentes a nivel mundial.
 
Digo "vuelve", porque en ocasiones los intereses personales y las disputas internas empañan ese reconocimiento que desde su génesis se ganó.
 
Por gracia, sus sentencias son tan fuertes que una servilleta no las doblega. Entre ellas y en los últimos meses, la puesta en igualdad de oportunidades cuando acabó con el régimen especial de pensiones de magistrados (incluidos ellos) y congresistas que permitía las mesadas sin límite; la aprobación del matrimonio de parejas del mismo sexo; la defensa de las manifestaciones culturales como derecho de las minorías taurinas; el restablecimiento del derecho al acceso a la administración de justicia obligando a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia admitir el recurso de casación interpuesto por Andrés Camargo Ardila, lo que desembocó en su inmediata libertad; y muchas más que como constitucionalista de la Universidad Nacional de Colombia me hace sentir orgulloso de la guardadora de nuestra Carta Magna y del Estado Social y de Derecho.
 
Si a Oscar Wilde lo hubiera procesado esta Corte Constitucional, no se le hubiese condenado por su homosexualidad, pues en el caso del fallo que se aplaude, la Sala Plena estableció que, según los tratados internacionales de derechos humanos "la orientación sexual de una persona no trae consigo una limitante física o mental para adoptar", y en mi concepto, mucho menos para condenar.
 
*Germán Calderón España, Abogado Constitucionalista.
 
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