Por: Julio Carrizosa Umaña

Salvemos los suelos de la sabana de Bogotá

Si la CAR aprobara la urbanización de la Reserva Van der Hammen, promovería la destrucción de las 100.000 hectáreas de suelos agropecuarios que quedan en la altiplanicie.

El mensaje que enviaría a los alcaldes y a los concejos municipales sería que el Sistema Nacional Ambiental (Sina) habría roto la política que pone límites al sellamiento de suelos agropecuarios y a la destrucción de ecosistemas. Se perderían así veinte años de investigaciones, consultas y actos administrativos que constituyen ejemplo de gestión ambiental fundamentada en el análisis científico y la colaboración internacional.

Construir sobre los suelos planos de alto potencial agropecuario constituye un crimen ambiental, porque así se destruyen microecosistemas que no pueden ser restaurados. Ese es el caso de la Reserva Van der Hammen, en cuyos microecosistemas, que llamamos suelos, interactúan en formas muy complejas las aguas, los minerales, la vegetación y la fauna edáfica. Miles de interrelaciones de esos elementos orgánicos e inorgánicos han producido a lo largo de los siglosla estructura ecológica principal que identificó en 1996 el científico holandés.

Salvar esos suelos y evitar la destrucción de esos ecosistemas son objetivos en los que coinciden intereses ecológicos, sociales y económicos. Si se urbaniza toda la Sabana el impacto económico y social sería gigantesco; puede que hubiera beneficios monetarios inmediatos y pasajeros para los propietarios actuales y para las firmas urbanizadoras, pero miles de productores y consumidores de los productos sabaneros verían desaparecer procesos que durante siglos han gestado estabilidad familiar, alimentos y riquezas económicas fundamentales para la ciudad, la región y el país.

Desde 1993, el Sina ha puesto en marcha políticas orientadas a evitar esos procesos que producen pérdidas triples: ecológicas, sociales y económicas. El concepto de estructura ecológica de Thomas van der Hammen fue acogido en la actual política ambiental e introducido en el Plan Nacional de Desarrollo. Esta administración ha hecho un esfuerzo grande para liderar la elaboración interinstitucional de la política de gestión integral del suelo y ha colaborado con el Ministerio de Agricultura en la definición del programa de aumento rápido de la producción agropecuaria, programa que en la sabana de Bogotá podría realizarse de inmediato. Estamos seguros de que la CAR no frustrará esos esfuerzos.

Buscar columnista