Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¡Santos dice sí a todo!

Nuestro presidente Santos, cuando sale a una cumbre sobre medio ambiente, se vuelve muy propositivo y dispuesto a decir sí a todo ofrecimiento que se presente.

Este buen ánimo obedece a que se siente poderoso pues representa al país que tiene la mayor biodiversidad por unidad de superficie en el mundo y el 50% de su territorio está cubierto por bosque. Esta condición se conjuga con el hecho de que Colombia, después de Brasil e Indonesia, es el país que más gases efecto invernadero emite a la atmósfera por quema de bosque. Colombia es protagonista por lo bueno y por lo malo.

En este contexto, y apoyado por el BID, Santos lanzó en París la iniciativa “Colombia Sostenible”, que busca recursos para la recuperación social y ambiental en las áreas de conflicto. Noruega, Inglaterra y Alemania concretaron su oferta de US$100 millones de dólares si lleva la deforestación a cero en la Amazonia para el 2020. También se está acordando un memorando en el que Noruega se compromete con otros US$200 millones si la lucha contra la deforestación y por la reforestación se extiende a todo el país.

El presidente afirma que, después de la población colombiana, el gran beneficiado de los acuerdos de La Habana es el medio ambiente. Se dejarán de presentar derrames de petróleo. Adicionalmente, según el DNP, se tiene detectado que los motores de la deforestación son el cultivo de coca y la minería, liderados o protegidos por grupos armados ilegales. Según Simón Gaviria —director del DNP—, de los cinco millones de hectáreas deforestadas en los últimos 25 años, tres millones están en municipios cocaleros. Por cada hectárea que se siembra de coca, desaparecen 1,7 hectáreas de bosque. El DNP evalúa que anualmente se siembran en Colombia unas 74.687 ha.

La pregunta es: ¿Qué actividades productivas reemplazarán los ingresos de las poblaciones locales que hoy viven de la coca? ¿Qué cultivos se impulsarán? Lo más probable es que donde hoy una familia se sostiene con una hectárea de coca, en el futuro, con carreteras, asistencia técnica y títulos, busque talar 10 hectáreas para subsistir con cultivos y ganadería tradicional. Si no se acuerdan compensaciones ambientales, apoyo y asistencia técnica a procesos productivos muy específicos y con probada sostenibilidad para esos sitios, lo más probable es que los acuerdos de paz generen una gran devastación ambiental, como sucedió en Centroamérica.

La construcción de territorios de paz, frenando la deforestación en áreas de frontera agropecuaria, no es fácil. Este es el gran reto al que se está comprometiendo el país con la promesa de Santos frente a los donantes. Los aportes están condicionados.

Los ambientalistas celebramos que así sea, pero sabemos que los riesgos de incumplir son muy altos. Para que logremos una paz sostenible, sería mejor que parte de los territorios de construcción de paz se dieran sobre áreas ya transformadas, donde el elemento predominante en el paisaje no sea el bosque natural. Esto exigiría redistribución de buenas tierras al interior de la frontera agrícola. ¿El Gobierno está dispuesto a esto o sólo a titular reservas forestales que están sobre suelos frágiles y pobres?

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