Por: Santiago Montenegro

Santos juega duro

LA SEMANA QUE TERMINÓ HA SIDO considerada como una de las mejores, si no la mejor, de la presidencia de Juan Manuel Santos.

Presidió la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tras reunirse con el presidente Obama en la Casa Blanca; anunció el relanzamiento del TLC con los Estados Unidos y, durante el fin de semana, en la reunión con Chávez en Cartagena, firmó 16 tratados con Venezuela, y además, en una sorpresiva actitud, juntó precisamente a Chávez con el presidente Lobo de Honduras para estudiar el retorno del país centroamericano al seno de la OEA. Todos estos hechos son, en sí mismos, importantes, pero ellos no son más que elementos de un engranaje aún mas complejo y más estratégico que quedó plenamente planteado en la conferencia que el presidente Santos dictó en la Universidad de Brown el martes 5 de abril.

Frente a más de 400 profesores, estudiantes y directivos, en un inglés impecable, Santos habló, no a nombre de Colombia, sino de toda América Latina. No llegó a implorar, menos a suplicar, reconocimiento y ayuda por parte de los Estados Unidos, sino, por el contrario, a decirle que, quizá por primera vez en la historia, el vecino del norte nos necesita más a nosotros que lo que nosotros lo necesitamos a él. Y dijo también que Estados Unidos no se ha dado cuenta de ello. Que, como los enfermos de hipermetropía, por estar viendo los problemas lejanos —Afganistán, Irak, Libia, Europa— están descuidando las dificultades y las oportunidades que tienen cerca, en este mismo continente. Con un sólido arsenal de cifras, mostró el elevado crecimiento de la economía, el orden fiscal y monetario, la integración económica de América Latina con el mundo y la integración política en su interior; señaló la consolidación de la democracia; enfatizó en los esfuerzos y los logros para la reducción de la pobreza y la desigualdad; argumentó la riqueza y el potencial de la biodiversidad. Pero, sobre todo, el presidente Santos destacó la inmensa capacidad presente y futura del continente como productor de alimentos, de agua y de energías renovables y no renovables.

El presidente Santos recordó que, en tiempos de Kennedy, los Estados Unidos tuvieron una política que entendió la importancia de América Latina, pero que dicha política se frustró con su muerte y con la nefasta actitud de Nixon, quien acuñó la frase “América Latina vale un comino”. Como Kennedy, Santos invitó a los jóvenes norteamericanos a viajar al sur. “Go south and go soon”, dijo, para delirio de los asistentes. En una reflexión que dará mucho de qué hablar, Santos invitó a los Estados Unidos y a todos los países involucrados en la lucha contra las drogas a ensayar nuevas políticas y nuevas soluciones.

Como en tiempos de Alberto Lleras, la política exterior del presidente Santos parece entender el papel crucial que puede jugar un país de tamaño e importancia mediana, como Colombia, en las tensiones y disputas entre los grandes del continente, maximizando y sacándole provecho a nuestra localización estratégica y a nuestro papel simultáneo como país suramericano, andino, caribeño, pacífico; tránsito y punto de llegada entre el Norte y el Sur, el Oriente y el Occidente. Así se está articulando una nueva política exterior que está dando voz y respetabilidad a nuestro país. Con el paso de las semanas oiremos cada vez más de ella hasta su planteamiento cabal y decantado en la Cumbre de las Américas del próximo año en Cartagena de Indias.

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