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Armando Montenegro 22 Jun 2013 - 10:00 pm

Se acabó la fiesta

Armando Montenegro

Hace unos pocos años, un banco multilateral proclamó a los cuatro vientos que esta sería la década de América Latina.

Por: Armando Montenegro
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Decía que mientras Europa y Estados Unidos se hundían en el desempleo y el déficit, los países de esta región mantendrían el crecimiento y el equilibrio fiscal y su pobreza se reduciría. Vana ilusión.

Cada vez que en estas latitudes se proclama que las bonanzas son permanentes, se bajan las defensas, se actúa como si fuéramos ricos y, al cabo del auge, no queda más que el guayabo. Los casos más críticos son Venezuela y Argentina, con sus economías desbaratadas, alimentos escasos, gigantescas tasas de cambio negras, polarización social y profundas crisis políticas. Brasil sufre de un agudo estancamiento, pesimismo generalizado y multitudinarias manifestaciones que recuerdan la Primavera Árabe y están poniendo en jaque a los gobernantes del PT. Los demás países, sin estar en una situación tan dramática, han visto cómo se deshacen las halagüeñas proyecciones de sólo hace unos meses.

Así como la revaluación fue la marca de la prosperidad pasada, la devaluación registra el cambio de signo de los tiempos. Desde el 1º de abril la depreciación del real ha sido del 11,8%; del sol, 10,6%; del peso chileno, 9%; del peso mexicano, 8,6%, y del peso colombiano, con una de las menores cifras, 6,2%. Esto muestra que los gobiernos que habían intentado en vano propiciar la depreciación, encontraron un apoyo decisivo en el complicado entorno internacional.

La economía colombiana también se desarregló. Cayó el crecimiento; algunos sectores están en bancarrota y otros registran cuantiosas pérdidas; se destrozó el mercado de los TES (y el sector financiero ha perdido cientos de miles de millones de pesos); numerosos proyectos de inversión se han aplazado o cancelado; los capitales ya no vienen con el apetito de antes y las proyecciones fiscales, con una financiación cada vez más escasa y costosa, comienzan a ser preocupantes. En una palabra, las expectativas, sin ser críticas todavía, se han deslucido en forma significativa.

 res hechos se han unido para explicar esta situación: (i) los precios de los commodities (oro, maíz, azúcar, café, carbón, entre otros), antes los impulsores de la bonanza, ahora apuntan hacia el piso; (ii) el impacto de la situación de China y Europa finalmente se sintió en la región a través de numerosos mecanismos de transmisión; (iii) los mercados monetarios esperan que, a raíz de la recuperación de Estados Unidos, la Fed ponga fin a los excesos de oferta de dólares, los mismos que antes produjeron su devaluación (nuestra revaluación).

Los países de la región, y Colombia en particular, están viviendo una situación típicamente latinoamericana. Argentina y Venezuela, padeciendo lo peor del populismo y la chambonería macroeconómica, parecen atrapados por un pasado que creían superado. Los demás, lejos de estar viviendo una década excepcional, en apuros, deben hacer las tareas que la riqueza transitoria les hizo soñar que ya no eran necesarias. En lugar de entrar en la OTAN y a otros clubes exclusivos, deberíamos pensar con humildad en tapar los huecos de las calles, impedir las extorsiones en los barrios, construir carreteras y caminos y hacer que funcionen los juzgados, las escuelas, los hospitales y los celulares. Hay que gastar bien nuestros escasos recursos. Lo básico, lo elemental.

  • Armando Montenegro | Elespectador.com

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