Por: Eduardo Sarmiento

Se agudiza la revaluación

El año 2012 terminó con una revaluación de más de 10%, una de las mayores del mundo. El resultado es una manifestación repetida del modelo de inversión extranjera que viene de una década y todavía carece de una explicación oficial convincente.

El manejo cambiario de Colombia contrasta con la tendencia mundial. Los países han entendido que dentro de la nueva realidad de confrontación en los mercados externos las ventajas están del lado de los países que configuran superávits en cuenta corriente y amplían la producción industrial. Europa, Japón, china, incluso Estados Unidos, no ocultan sus propósitos de intervenir el mercado para devaluar los tipos de cambio.

En este contexto, Colombia queda relegada a la dependencia de los recursos naturales y a la renuencia a la industrialización. Lo grave es que este modelo implica bajos salarios para generar las ganancias empresariales que induzcan las entradas de capitales y las importaciones de bienes de capital y materias primas.

Las verdaderas causas de la revaluación son la prioridad a la inversión extranjera en minería y el Banco de la República. La entrada de capitales induce la revaluación y cuantiosos déficits en cuenta corriente que suministran un amplio margen para ampliar el crédito, que se destina a la adquisición de bienes industriales y agrícolas en el exterior.

El país se especializa en la producción de minería y servicios y adquiere la mayor parte del consumo de bienes industriales y agrícolas en el exterior. Se configura una macroeconomía de burbuja que se expande cuando aumenta el crédito y valoriza los activos y cae cuando ocurre lo contrario.

La intervención esporádica del Banco de la República para evitar el proceso se ha visto compensada por los especuladores, las expectativas y el mismo Banco, que sube las tasas de interés para esterilizar el efecto monetario. Lo cierto es que la compra de dólares y la emisión han sido insuficientes para detener la revaluación.

El modelo ha resultado inequitativo. En la información de las cuentas del tercer trimestre, al igual que en los últimos años, se encuentra que la inversión y los bienes durables crecen por encima de 10%, en tanto que el consumo de bienes durables y servicios lo hacen por debajo de 3,5%.

Así, el gasto de los sectores altos, concentrado en la inversión y los bienes durables, crece el triple que los gastos de los grupos medios y bajos, representados en bienes no durables y servicios. Esta es una clara evidencia de que los ingresos del capital crecen mucho más que los ingresos del trabajo.

El perfil productivo es ineficiente e inconsistente. El elevado aumento de la inversión no trae consigo un aumento paralelo de la oferta productiva por la falta de la demanda.

El consumo, de suyo deprimido por la represión laboral, se realiza en su mayor parte en el exterior. Las grandes mayorías no tienen los ingresos para adquirir los bienes que están en capacidad de producir. La economía opera en un círculo vicioso en que las desigualdades causan una deficiencia de demanda efectiva y ésta acentúa las desigualdades.

El modelo de revaluación es fuente de inestabilidad e inequidad que amenazan seriamente la sostenibilidad económica. La solución no se reduce a comprar unos pocos dólares en el mercado cambiario.

Lo que se plantea es un cambio de pensamiento sobre la rienda suelta a la inversión extranjera, la locomotora de la minería y la prioridad exclusiva a la inflación. Hay que limitar la inversión extranjera, intervenir el tipo de cambio sin limitaciones monetarias, reducir los estímulos a la minería y levantar los ingresos laborales.

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