Por: Nicolás Uribe Rueda

Se extinguen las loterías

En medio de las discusiones estructurales y coyunturales sobre nuestro sistema de salud y sus necesarias reformas, nos hemos olvidado de los juegos de suerte y azar, y particularmente de las loterías departamentales, como fuente relevante para su financiación.

El mercado de los juegos en Colombia es cercano a los tres billones de pesos y los colombianos gastan en promedio 55 mil pesos anuales en apuestas. Sin embargo, aún tiene mucho potencial y puede albergar nuevos juegos y promover un gasto per cápita superior para llegar a niveles semejantes al de países vecinos, que con condiciones socioeconómicas parecidas, los ciudadanos “invierten” hasta tres veces más recursos. Aun así, en Colombia la gente gasta más en juegos que en comida para sus mascotas y el 61% de nuestros compatriotas destina alguna fracción de su ingreso mensual a jugar chance, lotería, baloto, maquinitas o cualquier alternativa en un casino.

La historia de las loterías es igual a la de tantos otros descalabros de nuestro país. Hace apenas 10 años había 29 loterías y hoy sólo quedan 13. La razón: la politiquería, la corrupción, el desgreño administrativo, el pobre control fiscal y un marco regulatorio deficiente que impide el aprovechamiento de un monopolio departamental que requiere inversiones importantes para posicionar en el mercado un buen producto.

Informes recientes de la Supersalud hablan, por ejemplo, de 218 investigaciones por violaciones al régimen de suerte y azar por un valor de 780 mil millones de pesos, cifra superior al total de las transferencias por todos los juegos de suerte y azar a los departamentos en 2011. Profundizando sólo un poco en la situación de nuestras loterías, es fácil encontrar que muchas de ellos no tienen capital de trabajo, otras están absolutamente ilíquidas, algunas tienen endeudamientos superiores al 100% y la gran mayoría muestran utilidades apenas cercanas al 2%. Hay incluso loterías con gastos administrativos que superan el 60% sobre sus ventas.

Por cuenta de esta tragedia en la administración pública, hoy las loterías sólo contribuyen con cerca de 130 mil millones de pesos a la salud y son las menos importante entre las fuentes de rentas cedidas a los departamentos, con apenas el 10% de participación en el total de las mismas. En este escenario no solamente pierde la salud, sino también miles de loteros que como es obvio ya no ven en las loterías una fuente suficiente para sus ingresos.

El Gobierno Nacional debería aprovechar este momento en el que se discuten reformas estructurales a nuestro sistema de salud, para incluir en ellas la revisión general al régimen actual de loterías. En ese marco, se debería discutir ampliamente la posibilidad de permitir la participación privada mediante alianzas público-privadas, reconocer la necesidad de hacer más sorteos en la semana, promover la unión de loterías departamentales en un gran juego nacional y autorizar contratos de operación de larga duración que permitieran inversiones importantes.

Sólo así podremos evitar, más temprano que tarde, el entierro de nuestras loterías.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Uribe Rueda