Por: Armando Montenegro

Se fue el primer trimestre

Fue un manl trimestre para la economía. Como estaba previsto, continuó el lentísimo crecimiento que se venía observando desde el final de 2016. El dato de enero, registrado por el ISE del DANE, arrojó una cifra de apenas un 1,2 % anual. Y los distintos datos sectoriales no dan razones para pensar que la situación hubiera mejorado en febrero y marzo.

La industria y el comercio siguen mostrando señales negativas. El desempeño del crédito corporativo también registra, mes a mes, aumentos cada vez menores. Las cifras de confianza de los consumidores y las expectativas de los empresarios son deprimentes. Y varios datos de sectores clave son malos: el consumo de energía viene exhibiendo tasas negativas y lo mismo sucede con los despachos de cemento y la producción de petróleo (frente a las cifras del año anterior).

Ante esta situación, entre los economistas hay dos visiones principales sobre el desempeño de la economía en lo que resta del año. Unos, los más optimistas, encabezados por las autoridades, piensan que habrá una recuperación de la producción y el consumo, sobre todo en el segundo semestre, entre otras cosas por el desempeño de los proyectos de infraestructura, el impacto del programa Colombia Repunta, la mejoría de las exportaciones y el efecto expansivo de las reducciones de las tasas de interés que, poco a poco, está realizando el Banco de la República. De acuerdo con ellos, las expectativas sobre el consumo y la inversión mejorarán paulatinamente en los próximos meses y, al final, la economía podría crecer en este año algo más del 2 % anual, una cifra levemente superior a la del año anterior.

El otro grupo –los pesimistas frente a los miembros del primer grupo– piensa que la situación del primer trimestre se mantendrá más o menos inalterada en lo que resta del año. Sus integrantes señalan que la ejecución de los proyectos 4G será más lenta de lo previsto; piensan que la reciente apreciación del peso dificultará la recuperación de las exportaciones y que el Banco Central será tímido en sus políticas expansivas (por el temor de que no se cumpla la meta de inflación, por tercer año consecutivo, en 2017). Piensan, además, que las expectativas de inversión no mejorarán mucho, especialmente por la polarización política, la incertidumbre por las elecciones presidenciales y algunas dificultades sobre el proceso de paz. Estos economistas señalan que el crecimiento de este año será de alrededor del 1 % anual.

Un observador externo, independiente de los grupos en amigable debate, podrá concluir con facilidad que la diferencia entre estos escenarios es bastante baja. Añadirá que, en cualquiera de los dos casos, la situación no es buena y que, a la luz de estos resultados, los crecimientos de la economía colombiana del 4 % o el 5 % parecen cosa del lejano pasado, difícilmente repetibles en el futuro próximo.

Ante esta realidad, es tiempo de pensar otra vez en reformas estructurales que favorezcan el crecimiento, las mismas que, ante el dinero abundante de la bonanza petrolera, pasaron a un segundo plano en la agenda de las políticas públicas. De otra forma, no debería extrañarnos que Colombia termine estancada con un bajo crecimiento por muchos años, con un altísimo costo en términos sociales, especialmente en lo que tiene que ver con la reducción de la pobreza y la generación de empleo.

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