Por: Iván Mejía Álvarez

¿A qué se juega?

El arranque ante Paraguay fue esperanzador. Un equipo compacto, con buenos movimientos entre línea y línea, con volumen de juego donde la pelota era llevada entre Nieto y Quintero.

En contraste, el segundo tiempo fue malo, se regaló el balón, se perdieron las ideas, un solo delantero aislado totalmente del juego y sin que llegara la bola. El técnico lo recogió para buscar el contraataque y ese 4-4-1-1 funcionó mal. Si no empataron los paraguayos fue por mera casualidad, tras dos tiros en los palos y tres opciones claras de gol. El balance agridulce dejaba más preguntas que respuestas e inquietudes sobre el funcionamiento.

Todo lo malo del segundo tiempo ante los paraguayos se confirmó contra Chile en un período inicial para olvidar. Se jugó horriblemente mal, sin talento, sin claridad, regalando el esférico, aislados los delanteros, con los volantes perdidos y con gruesos errores defensivos como el del primer gol, cuando dejaron transportar 45 metros la bola a un marcapunta, o en el segundo, cuando levantaron la pelota y les cabecearon libremente en el medio del área. Dos goles fueron escaso castigo para la pobre actitud en la recuperación y el mal funcionamiento colectivo, amén de graves errores individuales.

Un arquero profesional de un equipo grande como Nacional no puede lucir tan inseguro y novato como Bonilla. Ese muchacho ha demostrado ser bueno, por eso no se entiende que se le vea tan flojo. Lo mismo los volantes de marca, que están perdidos, y que Bryan Perea se dedique a los lujos innecesarios.

Estas categorías son un tiro al aire. Hoy pueden jugar bien, mañana muy mal, siempre ha sido así. Lo que no se puede perder es la idea colectiva. Y eso es lo que no ha tenido hasta ahora el sub-20: una idea, un breviario, una expresión de juego, y eso es lo que debe recalcar el técnico Restrepo. Colombia tiene jugadores para tocar la pelota, armar un equipo corto con posesión, como lo hizo por largos pasajes de la inicial ante Paraguay, y si ése es el estilo, hay que preservarlo. Lo que no debería pasar es que el equipo olvide la idea y arranque a tirar pelotazos desde la defensa, saltando la línea de pase, para que Córdoba pelee solo contra todo el mundo.

En esa sucesión de matices, desde el claro hasta el negro, pasando por los grises, todavía no hay un equipo confiable. Ojalá se clasifique y se aprovechen mejor algunas individualidades que asoman pero que necesitan reafirmar la idea y mejorar el funcionamiento.

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