Por: Uriel Ortiz Soto

¡Seguirán masacrando Campesinos!

Mientras el Gobierno no haga una profunda reingeniería al Sector Agropecuario, acercándose más a sus zonas de producción, y eliminando tanto intermediario innecesario, es todo un imposible impedir que nuestros campesinos continúen siendo masacrados por fuerzas extrañas,- bacrim- que al momento de los hechos son identificables, pero que con el transcurso de los días cambian de denominación, con el agravante, que finalmente los expedientes ingresan a los anaqueles polvorientos de la Justicia, para dormir en paz con sus fieles difuntos ante la frustración de las familias y la sociedad atemorizada.

Pero hay algo más deplorable y es el caso de algunas Instituciones adscritas y dependientes del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que nacen y desaparecen como por arte de magia, llevándose por delante no despreciables sumas del presupuesto, absorbido por burócratas que la mayoría de las veces no saben ni para que fueron nombrados, pero si se dedican a viajar por el País o el exterior sin mostrar ningún resultado positivo sobre sus gestiones.

Es lamentable, por decir lo menos, que a ocho días de la masacre en Santa Rosa de Osos, - que volvió a abrir las heridas del sentimiento nacional hacia el sector rural-, aún no se tenga plenamente identificado qué grupo de asesinos cometió tan execrable crimen. Sobre este escenario se debaten diversas hipótesis, todas muy válidas, pero al mismo tiempo posibles de descartar, puesto que no existe la certeza comprobada de los autores. Esto es sumamente grave para el País, lo que indica que nos encontramos frente a toda una caterva de maleantes que disparan desde diferentes flancos, logrando sus objetivos criminales sin dejarse identificar por las Autoridades.

Con inmenso dolor de Patria y sentimientos encontrados, tuvimos que asistir a los funerales de una masacre más, que rompe los más sensible escenarios del proceso de Paz, que apenas está despegando, y que deja la creencia que no solo estamos rodeados de grupos guerrilleros, sino también de organizaciones terroristas y criminales, que por su proceder y forma de actuar, tropiezan con cualquier formalismo para llegar a la mesa de diálogo con criterio de razón y objetividad.

No debemos olvidar que los procesos de Paz, de antes, de ahora y de siempre; han tenido, tienen y tendrán sus enemigos agazapados. Lamentablemente se encuentran en todos los estamentos de la vida Nacional: narcoguerrilla, paramilitarismo, bacrim; Fuerzas Armadas, Agentes del Alto Gobierno, la industria y el comercio. Son personas que de ninguna manera les conviene que se negocie un proceso de paz, puesto que, les va mejor económicamente continuar pescando en río revuelto, a costa de las miles de víctimas inocentes constantemente sacrificadas en campos y ciudades.

¿Hasta cuando nuestros campesinos, continuarán sirviendo de carne de cañón y de escenarios improvisados de los gobiernos de turno, para anunciar redenciones de seguridad y bienestar social que por lo regular no se cumplen?

La masacre ocurrida en Santa Rosa de Osos- Antioquia, fue una más entre las miles que se han presentado y continuarán presentando a lo largo de esta guerra estúpida y estéril, que se libra entre las Fuerzas del Orden, y grupos de maleantes. Últimamente también por la explotación ilegal de los recursos mineros. Todo indica que este último recurso preciado que nos ha dado la Providencia, a través de sus recursos naturales, los estamos desperdiciando en forma tal, que es hasta vergonzoso creer que nos va mejor explotarlos en medio de la ilegalidad, que legalizar su producción para la redención de miles de familias que se encuentran ubicadas en los yacimientos de predios que les pertenece.

Siempre hemos sostenido a través de esta columna, que la paz empieza a construirse desde el Sector Agropecuario. Para lograr este objetivo es indispensable que rodeemos a nuestros campesinos, especialmente pequeños y medianos productores, de todas las garantías sociales, económicas y políticas. Hay algo muy importante por la cual hemos abogado desde hace bastante tiempo y es la agroindustrialización de los productos que con tanto sacrificio logran, pero que al llegar las cosechas no tienen a quién vendérselos, o en el menor de los casos son víctimas de los intermediarios incrustados en fundaciones, federaciones, cooperativas y asociaciones, que miden la producción y costo, con la amenaza de la desgracia, para quienes se nieguen a caer en sus redes criminales de la especulación y el acaparamiento.

Si la Colombia Rural, no se organiza como debe ser, nuestros campesinos continuarán siendo el objetivo de los grupos narco subversivos, paramilitares, bacrim y agentes inescrupulosos del Estado, que los seguirán masacrando, asediando y desplazando de sus áreas de producción.

¿Será que los casi cinco millones de desplazados no son suficientes, para que el gobierno deje de hablar tanta alharaca, ponga los pies sobre la tierra y no siga levitando sobre castillos de promesas incumplidas? Hay que poner les pies sobre la tierra, visitar los municipios, dialogar con los campesinos para que nos cuenten todas sus angustias y penurias. Esto no se hace escuchando a los Señores de las Organizaciones campesinas radicados en las ciudades, a ellos no les conviene que se sepa la verdad, porque se les acaba el negocio.

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