Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Semillas, ambiente y paro agrario

Como colombianos entendemos y apoyamos las protestas de los productores agropecuarios, dado el abandono del campo y la crisis agraria que enfrenta el país; como ambientalistas vemos con preocupación la solicitud de apoyo de algunos gremios de productores para consolidar el inapropiado modelo de monocultivo y uso intensivo de agroquímicos.

Entendemos que los paperos protesten contra la importación de papa producida con subsidios, mientras ellos pagan impuestos por los agroquímicos que usan en sus cultivos. Pero el sistema de producción predominante entre los paperos colombianos es muy nocivo para la gente, los suelos y las aguas. Los extensos cultivos de papa son de productores que arriendan tierras por cortos períodos y no cuidan los suelos; la técnica de cultivo con grandes tractores y surcos en el mismo sentido de las pendientes genera destrucción de los suelos. Esto se acompaña de un uso no controlado e intensivo de agroquímicos que hace que los colombianos consumamos papa contaminada pues los tubérculos que comemos retienen y llevan a nuestro organismo buena parte de esos químicos. Lo más grave: la falta de gestión ambiental gubernamental permite que cultivos de papa destruyan la vegetación nativa del páramo y sus servicios ambientales asociados a la regulación hídrica.

A todos los colombianos nos impacta la destrucción de las fuentes de agua y nos interesa la disponibilidad de comida sana.

En el caso de la papa, tanto para productores como para consumidores, el Gobierno y la implementación de la política pública han estado ausentes. En el caso del café, fueron la Federación de Cafeteros y el mismo Gobierno, a través de préstamos empaquetados, los que impusieron la destrucción del ecosistema con sombra y obligaron a establecer café en plena exposición sin árboles; hoy esto significa mayor necesidad de abonos y controles químicos y menor calidad del grano producido. Podríamos tomar producto por producto y verificar la gran ausencia del Gobierno para impulsar una agricultura sostenible.

Durante el paro agrario, los campesinos protestaron por la imposición gubernamental de penalizar el uso de semillas no certificadas, resolución 970 de 2010. Como parte de las negociaciones en Tunja, el Gobierno aceptó congelar la 970. Según el ICA, para los agricultores con áreas menores de cinco hectáreas la resolución no aplica, pero cuando estos productores quieran reservar semilla producto de su cultivo para sembrarla para su propio uso, deben comunicárselo al ICA, indicando dónde realizará el acondicionamiento de la respectiva semilla. La 970 es un atropello que no debería congelarse sino erradicarse definitivamente del panorama nacional pues penaliza prácticas ancestrales de manejo de semillas, destruye usos tradicionales, atenta contra la seguridad alimentaria, impone nuevos trámites y costos para el agricultor, obliga al pago por patentes y atenta contra la conservación y valoración de nuestra biodiversidad.

Si el Gobierno no se convierte en efectivo agente de una política pública en temas agropecuarios y mineros que impulse y defienda la producción de alimentos limpios, la agricultura sostenible, la conservación de la biodiversidad y de las fuentes de agua, los colombianos tendremos que llamar a un paro nacional ambiental.

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