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Antonio Casale 16 Dic 2012 - 11:19 pm

Mucha bola

Sensaciones de campeón

Antonio Casale

Para los amantes del fútbol, hinchas de Millonarios y menores de cuarenta años, esta sensación de ser campeones es nueva. Los lejanos títulos del 87 y 88 apenas los recordamos como un capítulo más de la niñez o de la preadolescencia.

Por: Antonio Casale
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Pero este título era el más esperado de la historia de los campeonatos del mundo, al menos para los hinchas azules. Debe ser el más celebrado porque nos contamos por millones los que soportamos burlas, sufrimos con los innumerables “casi”, defendimos la causa aun cuando la causa era indefendible, lloramos tantas batallas perdidas y nos ilusionamos con muy pocos logros.

Para dimensionar el valor de este título es menester recordar la crisis de los noventa, aun con los dos subtítulos en el 94 y 96, celebrados cual si hubiesen sido estrellas. Tampoco debemos olvidar que el equipo estuvo a punto de desaparecer dos veces en la primera década de este siglo. La crisis institucional se reflejó en lo deportivo una y otra vez. Alguna celebración que resultó exagerada en la Sudamericana de 2007 y un “casi” muy “casi” en 2003, conforman el inventario de motivos de orgullo para la hinchada embajadora.

Pero la vida da vueltas y Millonarios, que se encontraba hace un par de años en una situación, si se quiere más precaria que la del América, fue eficazmente reestructurado en lo institucional, lo que hizo que la parte deportiva empezara a dar frutos casi de inmediato. Entonces el primer reconocimiento debe ser para las personas que más allá de meterse la mano al bolsillo, hicieron de Millonarios una empresa funcional, eficaz y conocedora de los alcances que tiene esta marca cuando las cosas marchan bien.

Como consecuencia de lo anterior, vinieron los éxitos deportivos. Ese mismo grupo de personas han sabido corregir a tiempo los errores cometidos y, más que hacer muchas cosas bien, han dejado de hacer muchas cosas mal.

Y claro, están los más importantes, los que en la cancha lograron lo que quienes lo intentaron por 24 años no pudieron. Primera mención de honor para Richard Páez, quien inició este trabajo con hombres batalladores que están lejos de ser parte de un equipo de talla internacional, pero que hoy conforman la base de un colectivo convencido y cumplidor. Cuando las cosas no se le dieron al venezolano, tras un primer ciclo exitoso, con tres semifinales y un título de copa, llegó Hernán Torres, merecedor de un monumento porque logró junto con su cuerpo técnico algo que parecía simplemente imposible tras tantos fracasos. La consecución de la estrella 14 tenía tintes de maldición, pero Torres la rompió.

Sí, esta, la de sentirse campeón, es una sensación nueva. Sufrimos mucho para sentirla, pero valió la pena haber estado ahí, en las malas épocas. Tal vez, sin esos años de horror, hoy no se sentiría tan bien al pronunciar la palabra ¡campeón!

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