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Piedad Bonnett 8 Dic 2012 - 11:00 pm

Ser niño

Piedad Bonnett

Hoy en día la humanidad considera que sus niños son su tesoro más preciado, seres que deben crecer en medio del respeto y el cariño, y a los que se debe brindar una buena educación, pues del esmero con que se críen depende un mejor futuro de la especie.

Por: Piedad Bonnett
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 A tal punto de refinamiento se ha llegado en el aprecio de la infancia, que alrededor de estos reyecitos se multiplican hoy las recomendaciones para su crianza en libros, artículos de periódicos y revistas especializadas, y la oferta de sofisticados objetos (sillas ergonómicas, teteros de materiales especiales, aparatos para sacarles los mocos y limpiar las lagañas, juguetes y películas) pensados no sólo para darles comodidad, estimularlos y entretenerlos, sino para generar, tanto en padres como en niños, una avidez de consumo.

Este trato esmerado a los niños, que hoy nos parece natural, no era lo normal en otros tiempos. Antes del siglo XVII eran corrientes la esclavitud infantil, el abandono y el infanticidio; el carácter del niño tenía sin cuidado a los mayores, e incluso podía no haber una relación de afecto entre padres e hijos, encomendados éstos a sus nodrizas y tutores. En Colombia —y en muchos otros países— todavía a principios del siglo XX las madres parían sobre esteras que habían servido a otras mujeres y la higiene era tan precaria y los índices de mortalidad tan altos, que casi todas ellas habían perdido un hijo antes de que cumpliera un año de vida. Si la criatura era producto de relaciones ilícitas, para preservar a la madre de la “deshonra” —pues la Iglesia se encargaba de satanizarlas— lo corriente era que el expósito, que así le llamaban, fuera abandonado a las puertas de una iglesia o, peor aún, en el monte. Y en casos de familias adineradas, que se entregara en mucho sigilo a través del torno a un convento, acompañado de un pequeño ajuar y de una carta en la que se decía si había sido bautizado. En la escuela al muchacho se le castigaba con la férula, y en la casa, para educarlos, se recurría a los azotes. En muchos casos, además —y esto se sigue viendo todavía en lugares pobres y atrasados—, ni siquiera había escolarización, pues los padres concebían a sus hijos ante todo como mano de obra.

De cómo han vivido los niños colombianos desde la Colonia y de cuánto se ha avanzado en la Conquista de sus derechos da cuenta la exposición Los niños que fuimos, que podemos ver en la Casa Republicana de la Biblioteca Luis Ángel Arango. La curaduría y la investigación —que quedó consignada en un completo libro-catálogo del que he sacado algunos de los datos de esta columna— estuvieron a cargo de Patricia Londoño Vega y Santiago Londoño Vélez, y el resultado no puede ser más extraordinario y conmovedor. Todos los bogotanos tendrían que ir a verla; los jóvenes, para saber cuántas conquistas se han hecho desde los tiempos en que era corriente regalarle un “negrito” a un niño blanco, y los mayores, porque se encontrarán no sólo con lo más sensible de su pasado —las cartillas de lectura, la revista Billiken, los recordatorios de la primera comunión, la urbanidad de Carreño, las maletas, las loncheras, los cuadernos y la tinta que usamos los mayores de 50, y una hermosa colección de juguetes antiguos, divertidísimos—, sino una muestra fotográfica con gran poder testimonial y un material que da cuenta de la tesonera labor de unos pocos legisladores, médicos y pedagogos empeñados en mejorar las condiciones de vida de los niños colombianos. Algo que todavía deja mucho que desear en nuestro país, por fortuna cada día más consciente de la necesidad de protegerlos.

  • Piedad Bonnett | Elespectador.com

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doctor Rieux

Dom, 12/09/2012 - 15:11
La sociedad occidental no ha definido conceptualmente qué es un niño. Abundan las opiniones alrededor de la ternura que despierta su presencia. Me refiero a un concepto con el cual se pueda trabajar desde la psicopedagogía. Jesús Nuestro Señor los reconocioó como el Reino de los Cielos y Federico Nietzsche como inocencia y olvido. Estos son los dos únicos puntos de partida para definir una etapa de la existencia que, en esencia, va de la cuna al féretro ( de la madera a la madera). De lo contrario es mejor aplicar la noción que ofrece "Boyancio" de llamarlos menores. Supuse que su columna definiría "ser niño", pero no fue así. ¿Será en otra oportunidad?
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manamuisca

Dom, 12/09/2012 - 12:59
tanto la columnista como los comentaristas muestran las representaciones sociales tanto de niño como de familia.Colombia tiene estrellas negras sobre su política errada para la infancia , la juventud y la familia.Las buenas intenciones de la Ley 12, de la 1098y del art.44 de la Constitución se desvanece en un persistente asitencialismo focalizado a los más pobres que no sirven mas de paliativos pero que no erradican ni el maltrato ni la negligencia familiary social para garanizar lso derechos del niño.por otra parte los niños de hoy especialmente de procedencia urbana y pequeñoburguesa o burguesa no son reyes, son maltratados tanto por la descomposición familiar, como por la reducción de espacios para su sana socialización, cuantos de nosotros lo hicimosen el parque y la calle?hoy peligro
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karissa

Dom, 12/09/2012 - 11:58
Los niños que ahora son los reyes de la casa, los que mandan y hacen lo que se les antoja, son aquellos que en medio de sus orgías descontroladas lanzan a sus compañeros por los ascensores o los matan a botellazos luego de una fiesta de "brujas" .Los menos favorecidos desamparados de la sociedad buscan consuelo en las drogas y son tan iguales en su conducta a aquellos bien criados y que todo lo tienen. Todos quieren hacer lo que se les da la real gana y los padres han perdido toda autoridad. Debe haber un equilibrio porque como vamos, vamos mal. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.
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taparo92

Dom, 12/09/2012 - 20:38
Lo que dice Karissa resulta lamentablemente muy cierto. Los niños son adorables pero ciertamente: manipuladores. No los serán todos o quizá no tengan la culpa de ello. El niño es el rey del mundo. Y eso LO SABEN MUY BIEN LOS PUBLICISTAS. No es mera coincidencia que, en las franjas infantiles sea en donde se promueven toda suerte de objetos tecnológicos y de toda índole. Los papás deben estar muy alerta en este sentido, es bueno darles gustos a los chicos, pero también es bueno que sepan que las cosas tienen precio y que el camino para ganar objetos materiales debe estar pletórico de esfuerzos. De otro lado, llamar a un niño MENOR, como que disminuye su posición, lo pone en una condición inferior. Si no estoy mal la gente del MALESTAR FAMILIAR recomienda no usar esa calificativo. Amén
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arkhé

Dom, 12/09/2012 - 08:49
Con todo su respeto Sra. Bonnett, le faltó decir que si bien la exposición exhibe un material fantástico y seguramente muy bien investigado, ésta muestra es una exposición sobre niños pero hecha de manera casi exclusiva para adultos. Los niños no encuentran un espacio para jugar o para sentarse y la organización y los colores de las paredes son poco atractivos para los infantes de hoy (puede que para los adultos de 50 de hoy sí).
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carmen arevalo

Dom, 12/09/2012 - 07:52
Interesante trabajo, vale la pena aprovechar las vacaciones para visitar la Casa Republicana de la Lucho Angel.
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Boyancio

Dom, 12/09/2012 - 04:09
Si, sumercé, se ha avanzado en algo; pero, déjeme decirle: falta un jurgo y medio para llegar a ver a todos los menores de igual manera, pues aún en los estratos altos se busca el bienestar de: " mis hijitos" y los demás que coman chicuca con bienestarina. Debemos decir, "nuestros menores" pues todos, todos en general deben ser el objeto del estado de derecho y la patria que los defienda a todos por igual....¿no os parece, sumercé, que falta harto, sea un montononon de tiempo?
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leinadsajor

Dom, 12/09/2012 - 00:07
Hubo una columna que se publicó en el espectador sobre las repercusiones sociales que tiene el cuidado de los niños: http://www.elespectador.com/opinion/columna-383611-abrace-su-hijo .
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