Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Será posible una Amazonia distinta?

El acuerdo con Noruega, Inglaterra y Alemania que firmó el Gobierno de Colombia en París exige una nueva y efectiva política gubernamental para la Amazonia colombiana.

La transferencia de US$100 millones se hará contra resultados. No es la venta del bosque, ni de sus componentes, sino un pago por servicios ambientales asociados a la regulación climática. El punto de partida es bastante complejo; según el Ideam, en el 2014 cuatro de los cinco puntos con mayor deforestación a nivel nacional están en los departamentos del Caquetá, Putumayo, Meta y Guaviare.

Según el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), en el período 2012-2014 la frontera agropecuaria aumentó a 1.200 km² al año, incluyendo áreas legalmente sustraídas de la Reserva Forestal 38 %, Distrito de Manejo Integrado 15 %, Resguardos Indígenas 10 % y en parques nacionales un 4 %. Adicionalmente, las actividades mineras y los cultivos ilícitos han fragmentado y degradado importantes áreas de bosque.

Pero hay panoramas positivos: Sinchi ha desarrollado y evaluado alternativas productivas sostenibles para los habitantes de la Amazonia. Se propone una forma de enriquecimiento forestal que consiste en sembrar árboles maderables (abarco, achapo, cuyubi, macano, brasil, entre otros) en medio del rastrojo, con proyecciones de casi 180 m³ de madera y una rentabilidad del 12 % en un horizonte de aprovechamiento de 20 años, con una captura de alrededor de 102 toneladas de carbono por hectárea al año. También se contemplan sistemas agroforestales en terrenos de pancoger, donde se combina la agricultura con árboles frutales como copoazú, azaí, arazá, cacao y cauchos. La rentabilidad de este sistema oscila entre el 10 y el 13 % anual y su potencial de captura de carbono está entre las 79 y 162 toneladas de carbono.

Sistemas ganaderos silvopastoriles desarrollados por Cipav y Fedegán con árboles que producen alimento para el ganado, franjas de maderables y árboles dispersos en praderas, recuperando suelos degradados, incrementan la producción ganadera y la biodiversidad, y además capturan carbono. Para grandes extensiones de bosque hay oportunidades con árboles de alto valor económico y aprovechamiento de productos no maderables.

Simultáneamente hay ciudadanos que proponen alternativas. Para entrar al Programa de Restauración de Tierras con Vocación Forestal de Corpoamazonia, y firme en el proceso de recuperar extintos campos de coca cultivando maderables nativos de rápido crecimiento, Pedro Pablo Mutumbajoy expresó en audiencia pública en Puerto Guzmán (Putumayo): “Si me garantizan un ingreso mensual mínimo mientras mi plantación produce para mi propio sostenimiento, soy capaz de recuperar, manejar, aprovechar y mantener hasta diez hectáreas de bosque con maderables nativos de rápido crecimiento”. Corpoamazonia busca adoptar una forma de pago por servicios ambientales considerando la propuesta de la familia Mutumbajoy. Esta alternativa costaría cerca de $12 millones anuales por familia para un período de diez años, tiempo que una plantación forestal necesita para solventar su propio sostenimiento.

La Amazonia será un escenario importante en el proceso de paz y la reintegración de excombatientes a la vida productiva, por lo que requiere medios de vida dignos y sostenibles para evitar daños irreparables a los ecosistemas. Hay alternativas y voluntad: sólo falta articularlas.

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