Mario Fernando Prado 31 Mayo 2012 - 11:00 pm

Sirirí

Si Langlois fuera Lucumí

Mario Fernando Prado

Tal como estaba planeado, se dio la “liberación” del periodista francés Roméo Langlois en medio de otro show mediático que debimos soportar los colombianos que desde siempre creímos que se trató de una nueva farsa de la guerrilla para no perder visibilidad y colocar a través de ese ingenuo reportero una nueva pica en Flandes.

Por: Mario Fernando Prado
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Es que Roméo, matado de la dicha, no pudo ocultar su alborozo al verse hecho toda una celebridad mundial, dando declaraciones en la inauguración de su nuevo puesto como embajador de buena voluntad del movimiento narcoguerrillero a quien le vendió su alma, huelga decir en un espectáculo circense que nos recordó las épocas del Caguán.

Como ya lo escribí en día pasado, a Roméo lo esperan ríos de leche y miel por cuenta no de haber estado en el lugar equivocado, sino todo lo contrario. Y allí le sonrió la suerte, le sonó la flauta y se le apareció la Virgen.

Y pregunto: ¿si en lugar de ser corresponsal de un medio francés y apellidarse Langlois, el secuestrado —o, como dice él, invitado— hubiese sido un reportero colombiano, de esos que hay cientos que cubren la guerra con las uñas, llamado Ananías Lucumí? ¿Qué tratamiento le habrían dado tanto la guerrilla como el Estado?

El pobre reportero oriundo de El Bordo o El Charco o López de Micay seguro seguiría en las montañas colombianas, pudriéndose en la manigua sin que nadie se acordara de él, y Lucumí —que no Langlois— estaría engrosando ya la lista de desaparecidos y no habría recibido más que una mencioncita por parte del Estado, rogando por su liberación.

La guerra que vivimos la han padecido en carne propia nuestros valientes y anónimos reporteros, muchachos más osados y curtidos que el francesito digno de todo nuestro respeto, sí, pero un paracaidista en el conflicto armado que en nada se asemeja a quienes hace años y años cubren el conflicto armado nacional y simplemente se llaman N.N.

¿Cuántos reporteros, insisto, no han matado las Farc y el Eln? ¿A cuántos no los han desaparecido? ¿Cuántos han quedado mutilados? ¿Y cuántos de esos colombianos que arruinaron sus vidas andan sin trabajo, pidiendo limosna y viviendo del cuento? Esta es la diferencia entre un Langlois y un Lucumí.

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