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Lorenzo Madrigal 2 Jun 2013 - 11:00 pm

Siervos de Maduro

Lorenzo Madrigal

Sintiéndose heredero de las dotes histriónicas de su comandante, el presidente Maduro, de investidura discutible, se despachó con Colombia por salirse un ápice del redil, al que no ha debido sumarse, socialistas del XXI, liderados por Caracas.

Por: Lorenzo Madrigal
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Chávez, en sus largos catorce años, cerró el puño sobre sus colegas, a tal punto que, muerto y mal embalsamado, todavía hoy le obedecen y no se atreverían a recibir en sus palacios de gobierno al jefe político, opositor del chavismo. Como lo hizo, por inadvertencia o por desafío (no vamos a saberlo) el presidente de Colombia, don Juan Manuel Santos.

Ya el joven presidente de México ha dicho que no recibirá a Capriles, para no incomodar al régimen de Caracas. Así iremos viendo a otros. Por fortuna Colombia tiene poco que perder, pues no es mucho lo que recibe de Venezuela y sí, en cambio, lo que puede ofrecer para vencer la tremenda escasez del vecino. Como haya sido, estuvo bien que se probara la independencia de nuestro gobierno al recibir, sin cortapisas, a quien comanda medio país, inconforme con la dictadura que se le ha implantado.

El proceso de paz puede alterarse si los voceros de la guerrilla también “son llamados a consultas” por las autoridades de Miraflores. Maduro reclama como suya la negociación de La Habana, que dice haber gestionado siendo canciller de Chávez.

La paz, sin embargo, se hace imperativa tanto para las tropas oficiales y el país que representan y defienden, que somos cada uno de nosotros, como para los que retornarían desesperanzados al monte o alternativamente a Caracas, si optan por pararse de la mesa de diálogo.

Con mucha razón se mostró escéptico el exministro Germán Vargas (“el proceso de paz está siendo sobredimensionado”) y esto sin que hubieran ocurrido los insucesos bilaterales que desató la presencia de Capriles en Bogotá. Las cosas ahora pintan peor que hace unos días, pero Santos no podrá humillarse más ante el régimen chavista, pues detrás de sus genuflexiones va implícita la cerviz de la patria.

Lo anterior no es una frase, pues las palabras altisonantes que transmite la televisión, vociferadas por Maduro, ofenden a toda la población colombiana y las encuestas lo reflejan.

Y algo más trivial. Qué deporte estaba practicando el señor Santos para que recibiera en camisa rosada, abierta, sin chaqueta, a los viajeros de Venezuela. El mundo al revés: Capriles sin gorra y en traje formal y Santos, en cambio, en mangas de camisa, como si le estuvieran aplanchando el flux completo con el que debería haber recibido al presidente virtual del vecino país. Porque, con ropa o sin ella, a Capriles le robaron las elecciones.

 

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