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Armando Montenegro 22 Dic 2012 - 11:00 pm

Sin educación

Armando Montenegro

Al hacer el balance de lo sucedido en 2012, salta a la vista, como tantas veces en el pasado, la ausencia de la educación en la agenda nacional.

Por: Armando Montenegro
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Cuando el primer gobierno del presidente Santos ya entró definitivamente en su fase final, es fácil señalar sus preocupaciones y logros centrales: la mejoría de las relaciones internacionales, la Ley de Víctimas, la Ley de Tierras, la reforma de regalías, la vivienda social gratuita, los esfuerzos en materia de paz, los aportes monetarios a los pobres de la tercera edad, la reforma tributaria. En este listado no aparece, para nada, la reforma de la educación inicial, primaria y secundaria.

Para sorpresa de los analistas preocupados por el crecimiento económico, en la campaña presidencial no se designó a la educación como una de las llamadas locomotoras que debían impulsar la expansión del aparato productivo y la mejoría del nivel de vida de los colombianos en los próximos años. Y, más adelante, en el curso del gobierno, tampoco recibió un impulso especial.

Si bien es cierto que al comienzo de la administración Santos, por unos meses, se lanzó un proyecto de reforma universitaria, éste se abandonó poco tiempo después, ante la bulliciosa protesta de estudiantes y rectores. Ni antes ni después de este intento se emprendió nada ambicioso en materia de educación básica e inicial, áreas que tienen un mayor impacto distributivo y de equidad.

Algunos de los programas que se han impulsado para mejorar el rendimiento de las escuelas públicas tienen algún valor y muestran el interés de los funcionarios en el progreso del sector, pero carecen de la ambición de transformar profundamente la calidad de la educación. No van a lograr que Colombia salga del horrible lugar que mantiene en las mediciones internacionales de calidad educativa.

Ante el erróneo diagnóstico de que el problema de cobertura ya está resuelto, tampoco se han adelantado políticas ambiciosas para tratar de lograr la expansión de la educación secundaria, en la cual el país muestra un atraso preocupante (en promedio, la cobertura neta nacional apenas si supera el 60% y, en algunas regiones, con dificultad, alcanza el 40%).

Lo que mejor marcha en el sector educativo es lo relacionado con el Icfes, una entidad bastante más moderna que el Ministerio de Educación. Este Instituto, administrado por un equipo técnico competente, periódicamente pone a disposición del país una serie de estadísticas que podrían ser la base para realizar un esfuerzo para fijar metas, remunerar, otorgar bonos a rectores, colegios y profesores, tareas indispensables dentro de una política de calidad educativa. Cuando el Estado se decida a hacer un esfuerzo serio para mejorar la calidad, los insumos del Icfes serán indispensables.

El 2013 debería ser un año de reflexión sobre varias iniciativas de reforma educativa en Colombia, de tal forma que una serie de ideas y proyectos concretos puedan entrar al debate de la campaña presidencial que arrancará al final del próximo año. Sería imperdonable y demasiado costoso para las próximas generaciones que, otra vez, la educación no hiciera parte central del esfuerzo del gobierno que comienza en 2014.

Un aporte en esta materia es el trabajo de Felipe Barrera, Darío Maldonado y Catherine Rodríguez: “Calidad de la Educación Básica y Media en Colombia: Diagnóstico y Propuestas”, documento CEDE número 41.

 

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