Por: Olga Lucía Barona

Sin el pan y, ¿sin el queso?

Adiós Copa Sudamericana. Millos fue incapaz de clasificar.

Tenía la final servida después de haber conseguido hace ocho días un importante empate en calidad de visitante ante un rival bastante frágil en historia y resultados, un Tigre que en sus más de cien años de vida nunca ha sido campeón de Argentina (tres veces subcampeón) y se la ha pasado más en el torneo de ascenso que en la A. De hecho, en el actual campeonato local apenas ha ganado un partido y marcha penúltimo en la tabla.

Los manteles entonces estaban servidos. Un estadio azul hasta el alma con más de 35 mil aficionados que se vistieron con sus mejores galas para ver al trece veces campeón de Colombia instalado en la gran final de un torneo internacional.

Pero Millos no pudo sentarse a manteles. Sus jugadores anoche no estuvieron a la altura de un equipo que había sido protagonista de la Sudamericana. Lo que se vio en la cancha fue un conjunto errático, pobre en ideas y sin las mismas ganas y actitud que se le habían visto en otras presentaciones. Candelo jugó a menos de media máquina, la creación nunca llegó a casa y los delanteros azules fueron unos espectadores más.

Pues ese mismo Tigre que se veía sobre los papeles un rival frágil, fue el que anoche desnudó las falencias del conjunto azul que sostenía que iba por los dos títulos.

Pero ayer ya se quedó sin el pan. Ahora le resta el queso (la liga) y qué difícil está. Tienen tres partidos y prácticamente debe ganarlos todos. Obvio, no sobra decir que ni Millos iba a ser el mejor equipo del mundo si hubiera pasado a la final, y hoy tampoco es el malo porque no lo hizo. Pero sí desaprovechó una oportunidad de oro, una oportunidad que tuvo servida después de muchos años sin pobrar las mieles de un título.

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