Por: Ernesto Macías Tovar

Síndrome del avestruz en La U

La dirigencia del partido de La U aún no se percata que la división de su colectividad no es entre el expresidente Uribe y el presidente Santos, sino entre las bases y los cuadros que representan el uno y el otro, respectivamente.

Siendo presidente electo, Juan Manuel Santos, pactó una alianza con el liberalismo y, al parecer, entre otros compromisos, asumió los de “desmarcarse” de su mentor y “liquidar” el partido que lo avaló. Y a fe que lo está logrando, porque abandonó las políticas que lo eligieron, y la militancia mayoritaria de La U se siente marginada por el gobierno que eligió y abandonada por la dirigencia que dice representarla.

En la pasada Asamblea estatutaria de La U, celebrada en todo el país con sede principal en Bogotá, se evidenció la enorme brecha que existe entre lo que piensa el “país nacional” -concejales, diputados y dirigentes de la base-, y la cúpula del Partido -gobierno y congresistas-. Los primeros porque viven en carne propia lo que está ocurriendo en Colombia en materia de seguridad y la falta de respuesta del Estado frente a éste y otros problemas sociales. Y los segundos, por estar muy concentrados en los halagos del poder, hoy llamados “mermelada”, que los hace vivir en un mundo artificial.

Esa fue la razón por la cual dicha Asamblea, integrada en su gran mayoría por las bases de La U, rechazó masivamente la propuesta de respaldar sin condiciones los diálogos ‘Santos-Farc’; episodio que un par de congresistas y el propio gobierno a través de un medio de comunicación, sometido con mermelada, quisieron disfrazar de “saboteó” y buscar un saboteador que no existía. Allí lo que hubo fue una protesta popular airada ante la pretendida entrega del Estado por parte del gobierno al terrorismo. De ninguna manera, como lo pretendieron mostrar, se trató del saboteo de un grupo de jóvenes que animaron con entusiasmo las deliberaciones del evento sino de la rebelión de las masas participantes que no quisieron dejarse utilizar como convidados de piedra en el seno de un partido que defienden como propio.

Esos colombianos de a pie que tuvieron acceso a una credencial de asambleístas o convencionistas, al igual que el grueso de la militancia de La U, van por un camino muy distinto al que transitan por ejemplo, los senadores Roy Barreras (cuyo video fue abucheado en la Asamblea) y Benedetti; quienes junto a la mayoría de congresistas de La U son prisioneros de las dádivas de un gobierno que se jacta de tener en el bolsillo ese respaldo mayoritario, a través del cual manipula la personería jurídica del Partido.

Pero el Presidente y, por supuesto, esa mayoría de congresistas rehenes del poder se resisten a mirar a su alrededor. Están sufriendo el ‘síndrome del avestruz’ porque esconden la cabeza bajo la tierra para no ver la realidad. Tratan de hacerle creer al país que el partido de La U es solamente su bancada del Congreso la cual, sin duda, maneja con un dedo el presidente Santos. Pero, lo que se percibe de la militancia es distinto: allá reclaman las tesis que inspiraron la creación del Partido y se sienten interpretados por el expresidente Uribe a quien ven como emblema de su colectividad.
Twitter: @emaciastovar

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ernesto Macías Tovar